11 abril, 2013

Mario Vargas Llosa: “La ciudad y los perros me permitió descubrir el escritor que quería ser”

Mario Vargas Llosa: “La ciudad y los perros me permitió descubrir el escritor que quería ser”

Panel. Participaron el historiador Ramón Mujica, el poeta Marco Martos y el escritor Alonso Cueto. Cerró el acto el Nobel.
Por Federico de Cárdenas
El ingreso no podía ser más promisor: una gran exposición preparada por la editorial Santillana en torno a La ciudad y los perros, la que permanecerá abierta en el amplio local de la Biblioteca Nacional en los próximos meses. Luego de recorrerla, los asistentes ingresamos al auditorio Mario Vargas Llosa. Allí Mercedes González, de la editorial Alfaguara y maestra de ceremonias, dio inicio al acto y fue presentando a los panelistas.
La intervención de Ramón Mujica estuvo cargada de datos poco conocidos. Luego de definir a MVLl como uno de los grandes fabulistas de nuestro tiempo, el historiador citó a Abelardo Oquendo para recordar la absoluta novedad que para las letras peruanas significó la llegada de la novela y centró parte de su intervención en recordar detalles de la polémica que surgió con ocasión de su distribución en Lima, con la quema de ejemplares en el patio del Leoncio Prado y la denuncia del libro como “ultraje” al Ejército.

Sin embargo, lo novedoso de su ponencia estuvo dedicado a la relación, cargada de cordialidad y admiración, entre MVLl y José María Arguedas, citando partes de una conferencia inédita de JMA que pronto será publicada por Carmen María Pinilla y dos cartas del autor de Los ríos profundos  a MVLl –conservadas en el archivo de MVLl en la U. de Princeton–, en una de las cuales lo califica de “escritor extraordinario de quien solo he recibido elogios”. Mujica recordó que debe esta información al crítico Efraín Kristal.
Finalmente, anunció que en las próximas semanas la Biblioteca Nacional inaugurará un busto de nuestro máximo escritor en su ingreso principal.
MARCO MARTOS
Poeta, ensayista y director de la Academia Peruana de la Lengua, Marco Martos es autor de un notable estudio sobre La ciudad y los perros que forma parte de la edición conmemorativa que han preparado la RAE y la asociación de Academias de la Lengua del continente. En este sentido, previno al auditorio que su intervención se limitaría a glosar el texto ya publicado.
Martos evocó la visita al Perú hecha por Nathalie Sarraute a inicios de los 60 y cómo su descripción de los enrarecidos postulados del Nouveau Roman –corriente literaria a la que pertenecía la escritora– provocó una réplica cortés de Ciro Alegría diciéndole:  “los peruanos tenemos mucho que contar”. De allí pasó a evocar la revolución que significó la llegada de la novela, a la que calificó como “de áspera belleza”, señalando luego una serie de influencias en ella y la lograda oposición entre el colegio militar y la ciudad trabajada por su autor.
También en su intervención citó a Sebastián Salazar Bondy y Alberto Escobar como los críticos más perspicaces de la novela, pues ambos supieron apartarse de la lectura realista.
ALONSO CUETO
Hizo un brillante análisis del inicio de la novela, demostrando cómo desde ese momento los personajes aparecen marcados por un destino. Añadió que podría definirse a la novela como una historia que tiene sus anclas en el siglo XIX pero que es tratada con técnicas literarias propias del siglo XX, aunque la anterior descripción explica muy poco si no va acompañada con una visión del mundo propia del autor y un punto de vista moral.
Recordó que en la novela cada personaje tiene una moral en conflicto con la de los otros y cómo cada personaje no es unívoco sino que tiene muchas dimensiones que vamos descubriendo, incluso en un personaje aparentemente negativo como el Jaguar.
Finalmente, recomendó la lectura de la edición conmemorativa no solo para reencontrarse con la novela, sino para disfrutar la calidad de los ensayos que la acompañan, entre los cuales citó los de Javier Cercas, Marco Martos, Efraín Kristal y José Miguel Oviedo. Recordó también, uno a uno, a los personajes de la novela y dijo que llevan 50 años viviendo con nosotros, definiendo a La ciudad y los perros como “el primer acto de una obra que dio dignidad a la rebeldía”.
MARIO VARGAS LLOSA
El Nobel inició su intervención recordando los dos años que pasó en el Leoncio Prado y cómo, a pesar de la violencia imperante, le permitieron descubrir un país variado y machista que ignoraba, definiendo al colegio de entonces como “un Perú en pequeño formato”. Dijo que está agradecido por esto y porque le permitió disfrutar de tiempo para leer novelas, entre ellas Los miserables. Añadió que, desde entonces, “el encierro y yo somos incompatibles”.
También recordó cómo, ya en esos años, se había propuesto hacer de su paso por el colegio materia de una novela, pero que le favoreció tomar distancia y escribirla un decenio después, entre Madrid y París. Dijo que si bien la evocación del colegio es esencial en el relato, también lo es la “nostalgia del barrio” y recordó que en los años 50 los jóvenes tenían una movilidad mucho menor y pasaban su adolescencia “en unas pocas manzanas” –para el escritor ligadas a la miraflorina calle Diego Ferré y alrededores– , en las que hombres y mujeres, juntos o separados, cumplían difíciles ritos de crecimiento.
MVLl dijo que la escritura de esta primera novela  “le permitió descubrir el tipo de escritor que quería ser”, uno que parte de imágenes retenidas en la memoria para fantasear a partir de ellas y pasar “de la historia a la Historia”, algo que debe a la influencia sartreana. También la idea de que crear ficción no puede ser solo mero placer estético sino que también es una responsabilidad frente al mundo. “Aunque mis ideas políticas han cambiado –añadió– sigo pensando en contar una historia y que haya algo más en ella”.
El escritor culminó su intervención hablando del “factor suerte” que intervino en la publicación de la novela –citando la ayuda que le brindaron Claude Couffon y Carlos Barral–, su lucha contra la censura franquista y su larga discusión con el “secretario de información” Robles Piquer, que culminó en siete palabras cambiadas (restituidas por Barral en la segunda edición), y los ataques que recibió cuando la novela circuló en Lima. También se refirió a su posterior reconciliación, muchos años después, con el colegio militar, donde hoy es exalumno distinguido.

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