03 mayo, 2013

El partido anti-UE canta victoria en las municipales: «Ya somos la tercera fuerza»

Internacional / reino unido

Los primeros resultados confirman el avance fulgurante del UKIP, el partido nacionalista y antiinmigración que ha sacudido el tablero electoral británico con un apoyo estimado en un 26%

Los primeros resultados de las elecciones municipales parciales celebradas este jueves en Inglaterra y Gales han confirmado el avance fulgurante del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) tras obtener una media del 26% de los votos en los municipios en los que se presentaba, según estimaciones de la BBC. Se trata de los mejores resultados del cuarto partido en discordia en Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial. Con siete municipios ya contabilizados de los 34 que estaban en juego, el UKIP ha obtenido ya 43 concejales, frente a los siete que consiguieron en las anteriores municipales de 2009. 

Estos resultados confirman los peores temores del «establishment» británico, que observa horrorizado como la formación de Nigel Farage –un eurodiputado ferozmente euroescéptico, tan simpático como provocador, tan amante de la cerveza como alérgico a la inmigración– ha logrado transformar la política británica en un juego a cuatro bandas. «Numéricamente ya somos la tercera fuerza, porque los liberales están por detrás», declarada Farage, eufórico, esta mañana.
El UKIP ha logrado presentar en estas elecciones 1.700 candidatos para los 2.300 escaños municipales en juego, tres veces más representantes que los que lograron movilizar en los anteriores comicios de 2009. Aquel año, el Partido Conservador barrió al ser depositario del voto protesta contra el agonizante gobierno laborista de Gordon Brown. El jueves, los «tories» defendían 1.477 escaños, y esperaban perder unos 500 en el peor escenario. «Hemos perdido muchos buenos concejales en el recuento esta noche, la gente nos ha lanzado un mensaje y lo hemos entendido», aseguraba esta mañana Grant Shapps, el presidente del Partido Conservador. «El UKIP ha tenido unos buenos resultados, no es ningún secreto», reconoce.
Aunque aún quedan por contar el grueso de los votos, las primeras aproximaciones confirman el varapalo para los «tories», que hasta el momento han obtenido 201 concejales (66 menos de los que tenía actualmente) y han perdido el control de dos municipios en los condados de Lincolnshire (norte) y Gloucestershire (centro). Los liberales retienen por ahora 73 concejales (defendían 481 concejales) y pierden 15. Los laboristas, que esperaban ser los ganadores de las elecciones, han confirmado ya 42 (30 más), por los 43 del UKIP.

Terremoto en el escaño de David Miliband

El recuento en las elecciones municipales en Reino Unido es un proceso lento que no concluirá hasta este viernes por la noche, por lo que las conclusiones son por ahora provisionales. Pero los resultados definitivos en la única elección nacional de la noche –para elegir diputado al parlamento por South Shields tras el abandono de la política de David Miliband, hermano del líder laborista– sirven para confirmar que un terremoto subterráneo está sacudiendo las placas tectónicas de la política británica.
Los laboristashan logrado mantener su escaño con 12.400 votos en las elecciones convocadas en esta circunscripción del noreste de Inglaterra. Pero lo más significativo es el segundo puesto alcanzado por el UKIP, con el 24% de los votos (casi 6.000 papeletas). Sus resultados dejan a los conservadores en una humillante tercera posición, con 2.800 votos, mientras que los liberales del viceprimer ministro Nick Clegg se enfrentan a un durísimo séptimo puesto con tan solo 352 papeletas, según los resultados de South Fields, donde la participación electoral fue del 39,2%.
La responsable de campaña del UKIP lanzaba este jueves una advertencia a los dos grandes partidos: «Si logramos un 24% de los votos en un escaño seguro para los laboristas, significa que no recibimos solo voto de los conservadores», decía Lisa Duffy. Tras conocerse el avance del UKIP en South Shields, donde no presentó candidato en las elecciones generales de 2010, el «número dos» del UKIP, Paul Nuttal, dijo por su parte que la formación está atrayendo a los votantes de todo el país. «El UKIP está aquí para quedarse», afirmó Nuttal a la cadena BBC.
El optimismo le lleva a afirmar que el partido conseguirá en un futuro cercano tener su primer diputado en el Parlamento de Westminster, mientras otros augurios les dan hasta 10 diputados en las generales de 2015. El sistema de voto mayoritario británico, en el que es el partido más votado el que se lleva el escaño, garantiza la supremacía de las dos grandes formaciones, conservadora y laborista. Pero las últimas elecciones parciales a la Cámara de los Comunes han consolidado una sorprendente tendencia positiva para el UKIP.
En febrero obtuvieron el 27,8% de los votos en Eastleigh, en las elecciones para elegir al sustituto del exministro encarcelado, Chris Huhne. Y en otras dos elecciones parciales en noviembre obtuvieron el 11,8% en Elvin y el 21,67% en Rotherham, en los comicios para elegir al sustituto del dimitido diputado laborista, Denis MacShane. Pero el dato más relevante lo destacaba también Duffy esta mañana: «En las cinco últimas elecciones hemos ganado a los tories, y a los liberales».
Más allá de los comicios locales, los partidos tienen su mirada puesta en las elecciones europeas del año que viene y en las generales de 2015. Los comicios al Parlamento Europeo son los únicos por circunscripción única, y algunos creen que el UKIP podría incluso ser la fuerza más votada, recogiendo todo el voto de castigo por las duras medidas de austeridad impuestas por el gobierno, con el apoyo a menudo de los laboristas. El mayor peligro es para los conservadores, que temen que el discurso claramente antieuropeo y anti-inmigración les arañe votos. Y no tienen clara su estrategia.

Titubeos en las filas «tories»

Durante la campaña para las municipales, el influyente ministro sin cartera, Ken Clarke, llamó payasos a los seguidores del UKIP. «Que vengan los payasos», exclamaba esta mañana Farage. David Cameron, por su parte, ha optado por ser respetuoso con su adversario para no alimentar su discurso victimista. Lejos quedan los tiempos en los que el líder «tory» podía permitirse llamarles «lunáticos y racistas que no han salido del armario». El diputado «thatherista» Norman Tebbit fue más lejos al reconocer en su blog que «no se puede culpar a quienes vayan a votar al UKIP», un partido al que considera «más cercano a una agenda conservadora tradicional».
Estos titubeos en las filas «tories» no hacen más que enardecer a Farage. «Han abusado de nosotros, nos ha atacado todo el establishment, que ha hecho todo lo posible por impedir a personas normales y decentes votar al UKIP», se ha quejado este viernes. «Pero al final del día habremos logrado unos buenos resultados, que son, creo, un terremoto en el establishment», cree Farage, que ha logrado convertir un partido extraparlamentario en la alternativa para votantes conservadores y liberales cansados de la coalición, pero también en un voto obrero castigado por la crisis cautivo hasta ahora de los laboristas.
Su discurso es muy simple, y no atiende a matices. Denuncian que Reino Unido paga cada día 53 millones de libras a Bruselas, y les da igual que la cifra sea en realidad de 19 millones, según explicaba esta semana el think-tank» proeuropeo Brisith Influence. Y, esta misma mañana, Farage seguía afirmando que la entrada en vigor el 1 de enero de 2014 de la libertad de movimiento para Rumanía y Bulgaria es «una puerta abierta a 29 millones de rumanos y búlgaros».
No le importa que el número dos de los liberales, Simon Hughes, le interpelara esta mañana a dejar de lado este discurso, ni que un informe oficial presentado el mes pasado confirmara que el destino preferido de los potenciales emigrantes rumanos y búlgaros es España e Italia. Según el informe del ministerio de Exteriores, en la actualidad viven 80.000 rumanos y 26.000 búlgaros. Farage clama a los cuatro vientos que vendrán 400.000 en cuanto se levanten las barreras. Un discurso que conecta con los miedos de una sociedad atenazada por la crisis, que podría fácilmente traducirse en un caudal de votos sin precedentes en 2015.

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