02 mayo, 2013

La clave de un nuevo milagro mexicano

Fausto Alzati Araiza

La clave de un nuevo milagro mexicano
El crecimiento económico de México se ha mantenido muy por debajo de su potencial. Esto ha sido factor decisivo en la acumulación de rezagos sociales y subocupación que contribuyen a la inseguridad y la violencia. Para reiniciar el crecimiento en una economía estancada, como la mexicana, cuyo dinamismo ha sido por años insuficiente para ocupar productivamente a su fuerza de trabajo, no bastan las inyecciones de recursos para generar incrementos en la demanda agregada. Es indispensable provocar un “shock” del lado de la oferta que, al introducir modos innovadores de producción permita vincular a industrias de México con la demanda creciente de nuevos productos y servicios que generan los sectores y regiones en expansión en la economía global.


Estudios econométricos validados por la Universidad de Harvard y fundados en evidencia de más de 100 años del crecimiento económico de México (a partir de 1895) demuestran que es posible elevar la tasa de crecimiento del PIB mexicano, mediante un incremento sustancial en la Inversión Extranjera Directa (IED) que incorpore innovación, a través de la importación de maquinaria y equipo para plantas industriales avanzadas que se establezcan en México y se orienten a la exportación de bienes manufacturados y/o servicios de alto valor agregado.
Conforme a cifras recientes, la IED es actualmente de alrededor de 20 mil millones de dólares anuales y las importaciones de maquinaria y equipo de alrededor de tres mil millones de dólares. Un incremento anual de 30% en la importación de maquinaria y equipo, que equivale a 900 millones de dólares adicionales por año, permitiría incrementar el crecimiento del PIB en 1.14 por ciento. Esto quiere decir que si se consigue incrementar la IED que implique importación de maquinaria y equipo nuevos e innovadores en dos mil 700 millones de dólares al año, para llegar a casi seis mil millones de dólares al año, se puede incrementar el crecimiento en alrededor de 3% para llegar a tasas de crecimiento del PIB cercanas a 6% anual.
El efecto de estas inversiones demora alrededor de 18 meses para reflejarse cabalmente en el crecimiento del PIB. Por eso es imperativo que de inmediato el presidente Enrique Peña Nieto integre en ProMéxico un equipo capaz de identificar, y los proyectos y los inversionistas capaces de alcanzar, los resultados aquí mencionados y concretarlos. Esto permitiría a México volver a crecer a tasas de 6% o más, como en la mejor etapa del llamado “milagro mexicano”.
Aún en medio de la “crisis” existen industrias, sectores y regiones en expansión. Son empresas e industrias que desarrollan productos y servicios innovadores cuya demanda global crece. Otra esfera de crecimiento proviene de la combinación de la expansión demográfica de las fuerzas laborales de naciones en rápido proceso de urbanización y el incremento de su poder adquisitivo, resultante de procesos de industrialización, orientados a la exportación y de mercados locales de bienes de consumo duradero, como automóviles, electrodomésticos, etc., de bajo costo y adaptados a las peculiaridades de cada mercado. En el sector de servicios estas tendencias se expresan en una creciente demanda de entretenimiento, viajes, nuevas modalidades de educación virtual, telecomunicaciones, etcétera.
A esta demanda han respondido empresas con estrategias innovadoras y con adaptación a las preferencias de los consumidores. En torno a ellas se configuran amplias cadenas de suministro que se despliegan en redes globales de complejos productivos locales que generan espacios de crecimiento y empleo. Insertar ventajosamente en esas cadenas a empresas mexicanas que incorporen inversión extranjera directa innovadora, será el motor de arranque de la estrategia de crecimiento. Ese es el reto de ProMéxico.

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