08 junio, 2013

¿La década de América Latina?

por Gabriela Calderón de Burgos

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).
En 2010 Martin Sorell de la empresa WPP presagiaba que la década 2010-2020 sería “La década de América Latina”. Había un optimismo exagerado acerca de la región. Antes de cumplirse los primeros cuatro años de esta década, los titulares han abandonado su optimismo y en mayo vimos los siguientes: “La bonanza latinoamericana empieza a desaparecer” (Wall Street Journal),1 “Latinoamérica decepciona luego de desperdiciar bonanza de productos primarios” (Bloomberg),2 “Surgen dudas acerca de ‘La década de América Latina’” (Financial Times),3 entre otros. No sería la primera vez que los países latinoamericanos parecen estar listos para despegar hacia el desarrollo y colapsan junto con los precios de los productos primarios.

La baja productividad es una de las principales trabas que la región tiene que superar para lograr el desarrollo. Un reporte del Banco Interamericano de Desarrollo de 2010 indicaba que si la productividad en Latinoamérica hubiese aumentado como lo hizo en el resto del mundo entre 1960 y principios de los 2000, la misma acumulación de recursos hubiese generado en la región un PIB per cápita promedio un 47% mayor.4 Lamentablemente, a pesar de recibir importantes recursos durante los últimos años, la región experimentó una caída de 0,3% en su productividad total de los factores (PTF) entre 2006 y 2010.5
Durante la última década mucho se ha dicho acerca de cómo modelos con una amplia intervención del Estado en la economía podían generar un crecimiento alto y el ejemplo favorito para ilustrar esto era Brasil. A principios de este año empezaron a surgir noticias de decepción respecto de Brasil. El Financial Times explicaba en abril que “la bonanza ha llegado a su pico, perjudicando a empresas que gozaban del respaldo del Estado”.6 Durante el primer trimestre de 2013 creció al 1,9%, muy por debajo de lo que se esperaba (2,4%).
La política monetaria de la Reserva Federal en EE.UU. ha venido inundando los mercados globales con dólares, lo cual ha derivado en tasas de interés inusualmente bajas. Esto provocó que los estadounidenses y europeos demanden más productos de consumo, lo cual resultó en un incremento de la demanda de exportaciones de estos, particularmente de la China. Fue por esta razón que China desarrolló un apetito voraz por materias primas y los precios de estas subieron, he allí el “maná caído del cielo” para Latinoamérica.7
Una señal preocupante es que aún sin que la Fed deje de lanzar dólares al mercado, los rendimientos que esperan los compradores de los bonos del Tesoro de EE.UU. subieron en mayo de 1,6 a 2,2%. Si esto sigue así, subirán las tasas de interés en los países ricos, sus ciudadanos demandarán menos exportaciones de China y esta demandará menos productos primarios de América Latina. Otra consecuencia es que todos los inversores que metieron su dinero en mercados emergentes como Brasil, lo sacarán tan pronto les sean más rentables los bonos de EE.UU.
Los países que siguen teniendo una alta dependencia de la exportación de productos primarios serán los más afectados, aunque aquellos que han venido ahorrando para “épocas de vacas flacas”, que han tenido políticas fiscales prudentes y que han hecho reformas para mejorar la productividad en sus economías estarán preparados para amortiguar el golpe.

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