29 agosto, 2011

Felipe Calderón, en la encrucijada

Militares vigilan con armas la ciudad de México desde un helicóptero. | Reuters

Militares vigilan con armas la ciudad de México desde un helicóptero. | Reuters

El temor que tiene la gente en México es cada vez mayor, y se observa por ejemplo en la manifestación de rechazo a la violencia del pasado domingo en Monterrey, tres días después del atentado más cruel del México moderno, donde tan sólo asistieron 4.000 personas.

El país, sin embargo, no sale del estado de 'shock', y la vida política y mediática del país sigue centrada en saber más sobre todo lo que rodea el ataque contra el Casino Royale del pasado jueves que dejó 52 muertos y 10 heridos. Esta vez, a diferencia de otras ocasiones, el ataque se explicó con la palabra terrorismo, a secas, y sin el prefijo 'narco'.

En un intento por llevar algo de tranquilidad a la población, las autoridades exhibieron ayer las fotografías de cinco de los nueve presuntos autores de la masacre.

Cinco miembros del cártel de los Zetas, con edades que van desde los 18 a los 37 años, y que tienen apodos como 'El Javo', 'El Rayas' o 'El Chihua'. Varios de ellos son viejos conocidos de la policía e incluso Julio Tadeo, 'El Rayas', fue detenido hace solo un año por robo de vehículos, pero quedó en libertad.

Casos como el de 'El Rayas' o las cientos de miles de órdenes de detención pendientes de ser cumplidas no sólo no traen tranquilidad sino que disparan el miedo y la zozobra, en una ciudad en la que ha pasado a ser sospechoso cualquier bar abierto después de las diez de la noche.

Supuestas razones del ataque

Este fin de semana, la policía mostró también las imágenes recogidas por las cámaras del casino, en las que se ve claramente cómo los sicarios se presentaron en el lugar, cuando unas cien personas echaban una moneda tras otra en las máquinas tragaperras.

Ni siquiera se tomaron la molestia de ocultarse. Llenaron dos bidones con gasolina en la estación de servicio de al lado, se dirigieron al lugar, sacaron las armas, apartaron de un manotazo a los vigilantes de la puerta y prendieron fuego al lugar. En pocos minutos las máquinas, las alfombras, lámparas y paredes se convirtieron en una ratonera de humo y fuego de la que sólo unos pocos lograron escapar.

Hasta el momento la principal línea de investigación es que el incendio fue provocado después de que los dueños del casino se negaron a pagar la extorsión conocida como "uso de suelo". Según una versión de los dueños publicada por Excelsior los dueños del casino, los Zetas exigían un pago semanal de 130.000 pesos (más de 7.000 euros) para poder operar.

Política de Calderón

Paralelamente, la brutalidad del atentado ha vuelto a poner en el punto de mira la estrategia de Calderón para enfrentar al crimen organizado. Si bien envió este lunes 1.500 policías federales a las calles de la ciudad de Monterrey para reforzar la seguridad, las críticas en su contra van en aumento. Desde los piden una negociación con los cárteles hasta los que exigen que Estados Unidos se implique más, pues desde ahí llegan las armas y los consumidores.

Calderón, que pertenece a este segundo grupo llegó a incluso a proponer que, si Estados Unidos no va a hacer nada por atajar el consumo y la venta de armas de asalto, al menos "habilite un puerto franco en el que se pueda descargar la droga de Colombia sin destrozar países como México o Guatemala", dijo durante el noticiero matinal de Televisa.

Ante la oleada de críticas que recibe una estrategia que no hace más que sumar unos 30 muertos diarios, Calderón se ofrecía a negociarlo todo menos dejar de combatir a los cárteles.

"No podemos permitir que sigan circulando en las calles con armas amedrentando a la gente, porque aquí se trata probablemente de la extorsión de un casino que puede tener muchas utilidades pero también extorsionan al pequeño comerciante, a los agricultores, a los comerciantes y no podemos simplemente resignarnos y voltear la vista para otro lado y decir, no, mejor no los enfrento porque son muy peligros, hay que enfrentarlos", dijo el presidente.

Pero la realidad es que al calor del tráfico de drogas han ido creciendo en suelo mexicano otros negocios que garantizan los ingresos para los cárteles cuando la presión en la frontera la hace infranqueable. Uno de ellos es el secuestro y el otro la extorsión.

En poco más de diez años se ha pasado de 130 denuncias mensuales por extorsión a más de 400. Para el analista Leo Zuckerman "es el delito que más ha crecido en México y es más importante luchar contra esto, que empeñarse en acabar con la exportación de drogas a Estados Unidos", señaló.

No hay comentarios.: