Presseurop
La prensa europea es unánime: en la cumbre de Bruselas del 23 de octubre, la canciller alemana ha impuesto las condiciones al resto de sus socios — Francia incluida — para que tanto el euro como los países más endeudados consigan salir de la crisis.
“Nicolas Sarkozy cede ante Angela Merkel para permitir dar una respuesta a la crisis del euro”, así sintetiza Público el resultado de la cumbre del 23 de octubre. El presidente francés ha cedido ante la “intransigencia alemana”, y las discusiones se limitan a los puntos de fricción:
Ayer, el debate llegó a tocar el punto de si es necesario o no pedir ayuda a China… El ambiente también estaba profundamente marcado por la determinación de Angela Merkel de no desviarse de su propia estrategia. En lo esencial no lo ha hecho y su estrategia no ha cambiado: imponer la austeridad y la disciplina a los países endeudados es el único camino para salir de la crisis. Ya se trate de Portugal, de Grecia, de Italia o de España, o incluso de Francia. Lo que resulta una novedad es que cada vez se alzan más voces para protestar contra esta actitud. Los países de la UE revisan su crecimiento a la baja y está más presente la amenaza de una recesión. Pero Berlín permanece absolutamente indiferente.
En Grecia, Eleftherotypia considera que el primer ministro Yorgos Papandreu y su ministro de Finanzas Evangelos Vénizélos parecían “simples figurantes en Bruselas”, donde “los europeos han organizado [la] guillotina voluntaria de Grecia". Su competencia To Ethnos denuncia en portada “el chantaje de Merkel”:
La canciller ha hecho todo lo posible para imponer su régimen de rigor y no se da cuenta de las consecuencias. Y para los griegos, eso significa austeridad a muy largo plazo.
Otro “mal pagador” al que se ha puesto en tela de juicio es Italia. La analista Marta Dassù manifiesta en las páginas de La Stampa que el único país que todavía tiene el peso y los instrumentos necesarios para conseguir que Europa salga de la crisis del euro es Alemania, que, en estos temas, “se encuentra atada de pies y manos por su propio Parlamento":
La unión monetaria únicamente podrá superar la actual crisis si los países que la dirigen hoy en día — empezando por Alemania — aumentan su tasa de solidaridad […] y únicamente si los países endeudados aumentan su tasa de credibilidad — las reformas — y su disciplina presupuestaria. Bajo este punto de vista, la doble cumbre de estos días marca un progreso en potencia, al menos sobre el papel. Si el plan alemán funciona, nacerá una Europa con varios niveles, con un núcleo duro sustentado sobre el euro y sobre las instituciones, en parte separadas de las propias de la Europa de los Veintisiete.
En España, El Periódico afirma en portada que “El euro se rinde a Merkel”. Para el diario catalán, la canciller “ha impuesto su tesis” en la cumbre del domingo:
La cancillera alemana, Angela Merkel, y el BCE se opusieron tajantemente a esa posibilidad [de financiación ilimitada para los países en dificultad por parte del BCE], porque en su opinión constituiría una violación del Tratado de la Unión Europea (UE), que prohíbe al BCE financiar la deuda pública de los estados miembros. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, pese a contar con el respaldo de España y la mayoría de los países de la eurozona, se vio obligado a ceder frente al bloque formado por Alemania, Holanda, Finlandia y el BCE.
Por parte alemana, el Süddeutsche Zeitung considera que desde el comienzo de la crisis es la primera vez que Europa se mira en el espejo de la verdad. Y lo que ve no resulta esperanzador, puede que se encuentre incluso ante un “abismo”, recoge el diario de Múnich:
A pesar de los miles de millones que se han desbloqueado sobre el papel, no hay que olvidar que poco importa la cantidad de dinero que se movilice, porque no conseguirá salvar el euro. Únicamente se compra tiempo para resolver los problemas de fondo. Hay que parar el distanciamiento económico de los 17 Estados miembros; para ello es necesaria una gestión sólida. Como el tiempo apremia, la cumbre de este miércoles [26 de octubre] debe introducir verdaderos cambios, como la creación de un poderoso e independiente comisario de Presupuesto que reivindican muchos países. Berlín, que exige modificar los tratados, corre el riesgo de que la deriva del euro se transforme en caída.
Die Welt, por su parte, defiende el punto de vista del Gobierno alemán:
Si unos quieren imprimir dinero en lugar de hacer que sus economías sean perennes, otros deberán pagar la cuenta. La confianza de los ciudadanos y de los mercados no regresará hasta que todos los miembros del euro sigan las reglas de estabilidad – o abandonen el club.
En Francia, Libération considera que la crisis del euro ha revelado la asimetría de la pareja franco-alemana, con ventaja para Berlín:
En esa vieja pareja franco-alemana, una domina claramente sobre la otra. Y eso se remonta a mucho antes que ayer: el euro se concibió a partir del marco alemán y de una cultura singular de la moneda, marcada por el drama de la hiperinflación de los años treinta del siglo pasado y el fracaso de la política. Pero esta dominación quedó atemperada por la fuerza y el descaro de esta aventura colectiva de la moneda única. Con la violencia de la crisis financiera, se le ha caído la máscara. Visto desde el otro lado del Rin, el lugar, la palabra y la influencia de Francia han quedado degradadas. Las soluciones defendidas por el Elíseo para tratar de resolver la crisis del euro — por muy pertinentes que sean — han encontrado dificultades para imponerse. Disgusta el activismo resuelto del presidente francés, pegado siempre muy de cerca a la canciller. Nuestra credibilidad financiera ha recibido un duro golpe.
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