03 octubre, 2011

¿Por qué nadie le cree a AMLO?

En tanto político profesional, el señor Andrés Manuel López Obrador sólo cultiva lo que sembró por más de una década.

Ricardo Alemán

La pregunta se ha convertido en un clásico, y se formula en todas las tertulias, reuniones y charlas en donde el tema son los presidenciables.

¿Quién cree que Andrés Manuel López Obrador se retirará de la contienda presidencial, si Marcelo Ebrard le gana —en una o más encuestas—, la candidatura presidencial por la llamada izquierda?

Y si la pregunta es un clásico, la respuesta es aplastante. No se conoce una sola opinión, de enterados o conocedores del tema, que conceda siquiera una ligera posibilidad de que López Obrador honrará su palabra.

Todos los consultados durante meses —salvo la declaración pública de Marcelo Ebrard, quien por estrategia dice creer en AMLO—, sean políticos profesionales o ciudadanos de a pie, se dicen convencidos de que el tabasqueño no aceptará el resultado, que buscará una triquiñuela discursiva, una rendija declarativa, un pretexto, para zafarse del compromiso de retirarse si no lo favorecen las preferencias y, con ello, convertirse en solitario candidato de la dupla PT-Convergencia.

Y frente a ese resultado, la siguiente pregunta es obligada. ¿Por qué un político como López Obrador, que tiene tal nivel de desprestigio y descrédito, cuya palabra es cuestionada por una abrumadora mayoría —más allá de sus fieles, fanáticos y acólitos—, tiene la presencia mediática que lo coloca, por ejemplo, como el candidato presidencial a vencer por el PRI?

Seguramente la respuesta estará en el análisis sociológico o, incluso, en el estudio siquiátrico. Pero en el análisis político se puede concluir que, en tanto político profesional, el señor Andrés Manuel López Obrador sólo cultiva lo que sembró por más de una década. ¿De qué estamos hablando? Que desde su invención como líder político surgido para sustituir a Cuauhtémoc Cárdenas —invención a cargo de su órgano propagandístico, llamado La Jornada—, López Obrador se confirmó como un mentiroso.

Mintió cuando dijo que su mayor ambición era ser gobernador de Tabasco y, al final, llegó al GDF; mintió a Los Chuchos, cuando les prometió la presidencia del partido y, en su lugar, dejó un cochinero para irse como candidato al GDF; mintió cuando dijo que “lo dieran por muerto”, en medio del mayor activismo presidencial, y terminó como candidato impuesto.

Mintió cuando dijo que nunca haría nada que dañara a Cárdenas, y cometió parricidio político contra su mentor y destruyó a todo su grupo político; mintió cuando dijo que nada sabía de las transas de Bejarano y Ponce, cuando era el promotor de ellas; mintió cuando dijo que iba diez puntos arriba en las encuestas, cuando sus cercanos sabían que se había derrumbado en los últimos dos meses de la contienda presidencial de 2006; mintió cuando inventó un fraude electoral que nadie probó; mintió cuando ordenó invadir el corredor Zócalo-Reforma, dizque para evitar una rebelión…

Y hoy miente cuando dice —durante la oficialización del club familiar motejado como Morena—, que “no seré candidato sin el apoyo de las fuerzas progresistas”. El truco está en eso, en “las fuerzas progresistas”. ¿Cuáles son las fuerzas progresistas, según San Andrés? Está claro que esas fuerzas están en el ala radical y transa del PRD, que encabezan la dupla Bejarano-Padierna, y en los no menos transas grupos familiares de Alberto Anaya y Dante Delgado, dueños del PT y Movimiento Ciudadano (antes Convergencia), respectivamente.

Y es que todos saben que AMLO tiene hasta 70% de preferencias de esos grupos radicales —las llamadas fuerzas progresistas—, en tanto Marcelo Ebrard no alcanza ni 30% de simpatías en ese nicho. En el otro extremo, entre la población abierta y no identificada con ese sector de la geometría electoral, Marcelo Ebrard tiene 70% de las preferencias, contra 60% de la intención del voto que tiene AMLO, como potencial candidato presidencial.

Sin embargo, la gran diferencia está, precisamente, en los altísimos negativos que tiene AMLO. Es decir, según todas las encuestas realizadas para análisis interno de los partidos —encuestas no públicas—, al comparar a AMLO en su calidad de candidato presidencial, frente a otros potenciales aspirantes, como Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota, Ernesto Cordero, Santiago Creel o Manlio Fabio Beltrones, las preferencias del tabasqueño se desploman. Son más los potenciales electores que nunca votarían por él, que los que le darían su voto. En cambio, Marcelo Ebrard es un candidato competitivo, que aparece en el pelotón que sigue al puntero, que es Peña Nieto.

En otras palabras, todo indica que las mentiras sepultarán a AMLO. Al tiempo.

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