13 noviembre, 2011

Rajoy ya se ve en La Moncloa: "¡Vamos a ganar las elecciones!"

Llama a ganar por goleada

La euforia se apoderó del coso valenciano, abarrotado por más de 20.000 personas. Un Rajoy torero dio su estocada final al PSOE, ninguneando a Rubalcaba.

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Llenazo de Rajoy en Valencia: más de 20.000 personas.
Pablo Montesinos | Valencia 2011-11-13
El torero Mariano Rajoy dio la vuelta al ruedo y salió por la puerta grande. Con todas las encuestas a su favor, el candidato del PP se dio un homenaje en el coso valenciano, con una faena de primera. No es que sus estoques dialécticos fueran brillantes o novedosos, es que la fotografía se comía todo lo demás. Más de 20.000 militantes y simpatizantes, en una plaza que se caía, fueron suficientes para constatar que el virtual presidente ya acaricia La Moncloa.


Imagen de fuerza en un día en el que todos los medios pronostican lo mismo; que el PP barrerá al PSOE del mapa electoral. Las encuestas internas, publicadas en la víspera por este diario, se erigieron reales frente a las “engañifas” de Ferraz. En los cuadros de Génova incluso dio la risa cuando se escuchó en voz de portavoces del PSOE que estaban recortando distancias. “Dan hasta pena”, fue la gráfica respuesta de un cargo del partido.
Cerca de media hora tardó Rajoy en atravesar el albero, que rodeó de una punta a otra. Una romería en la que él era el santo al que todos quería besar, abrazar y fotografiar. Junto a él no estuvo Francisco Camps, para el que ni tan siquiera había silla. Sí que se rodeó de sus amigos del PP valenciano, empezando por Rita Barberá y siguiendo por Esteban González Pons, Alberto Fabra o Alfonso Rus, que hicieron de teloneros del mitin de inflexión.
La alcaldesa de Valencia arengó a los suyos arriesgándose con el cante: “Alfredo no te creo”, tarareó ante el júbilo generalizado. Rus recogió el testigo, llamando a su manera a llenar las urnas de votos: “El domingo, primero ir a votar y después iros de boda”, bromeó. También le hizo la cama al líder su hombre-puente entre Madrid y Valencia. González Pons dio “las gracias a Mariano por Rajoy” y le contrapuso “al señor Rodríguez Rubalcaba, Pérez Zapatero”, en alusión a que presidente y candidato socialista son la misma cosa. El nuevo líder autonómico remató: “¡Ésta es tu tropa, ésta es tu compañía!”.
Rajoy se compromete a decir la verdad
Así las cosas, cuando Rajoy subió al atril el pescado ya estaba vendido. Ni los indignados -no más de una veintena- rompieron la fotografía de un PP a velocidad de crucero, acallados por la masa popular que gritó sin quedarse sin voz “oa, oa, oa, Mariano a La Moncloa”.
El candidato del PP, embriagado por esa euforia sin contener, dijo algo antes reservado para los círculos íntimos: “Creo que vamos a ganar las elecciones”, y ofreció un Gobierno “algo potable” frente al peor gabinete de la democracia. Traducido: “Jamás he visto en treinta años de vida política un Gobierno como el que hemos tenido”.
Por ello, se presentó con el objetivo de devolver a España “a la primera línea”. “Lo que está en juego y lo que se decide el 20-N es si seguimos igual o cambiamos de rumbo. Resignación o Esperanza”, contrapuso, para volver a mandar un mensaje a las instituciones europeas, que también ha transmitido de forma privada: “Se pueden hacer las cosas, las vamos a hacer, queremos jugar en la primera dimisión”.
Se definió como presidente “de la concordia” frente a “la pelea” que reclaman los socialistas. No se entretuvo a mentar a Alfredo Pérez Rubalcaba o a José Luis Rodríguez Zapatero; sólo habló de “quienes andan apostando por la división” para asegurar que “nosotros no tenemos más enemigo que la crisis económica”.
Y, entonces, abandonó la plaza a cual torero tras realizar su mejor faena. Con el “vamos a ganar” como grito de guerra y con un compromiso: “Decir la verdad y no engañar a los españoles”. Pocos minutos después, hasta dos fuentes de la dirección partido intentaron rebajar la euforia a golpe de sondeos internos más ajustados que dan una diferencia de entre 15-16 puntos, lo que sería una mayoría absoluta más que ajustada. En Génova creen que no les beneficia la imagen de extrema euforia transmitida este domingo.

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