19 marzo, 2012

El 'basta' de Karzai

Por Alvaro Vargas LLosa

El Mundo.es
Robert Bales, militar estadounidense causante de la matanza en Afganistán.
(Puede verse también El telón afgano cae más rápido por Ivan Eland)
Hay un momento en toda guerra en que los incidentes provocados por la frustración o la pérdida de fe en la misión convierten a los "buenos" en "malos" a ojos de quienes no los veían así. Eso pasó con las fotos de Abu Ghraib en Iraq, como había pasado, caso mucho más grave, con la matanza de My Lai en Vietnam a manos de la compañía Charlie. 
 
En Afganistán, los soldados orinando sobre cadáveres, la quema del Corán y la matanza de dieciséis civiles, la mayoría mujeres y niños, a manos de un sargento enloquecido han colmado la paciencia de un gobierno afgano con antiguas dificultades para avalar la presencia de la OTAN ante su población. De allí la exigencia de Karzai a Estados Unidos a través del Secretario de Defensa, León Panetta, de que la OTAN se retire bastante antes de lo previsto.
"Estamos preparados para asumir la responsabilidad", ha dicho por necesidad política y no porque se lo crea (dos hermanos suyos estuvieron a punto de morir esta misma semana). Obama ya había sostenido que la última matanza no justifica hacer cambios súbitos y adicionales al programa de retirada. A los 10 mil soldados que se marcharon el año pasado se sumarán otros 23.000 al final del verano. A fines de 2014 partirán los 68.000 restantes.
Los argumentos de Obama a priori suenan atendibles. Es verdad que la guerra de Afganistán una década después no es ganable porque la misión original, derrotar a al Qaeda, cumplida hace rato, ha sido reemplazada por otras. Pero si Estados Unidos hubiese salido de Iraq en 2006 cuando las fotos de Abu Ghraib fueron publicadas?en lugar de 2011, no habría allí el caos manejable de hoy sino, acaso, un campo de Agramante.
En Afganistán, Obama aspira a algo parecido: un caos relativamente ordenado, donde la amenaza del Talibán sea gestionable. Para ello su enviado especial, Marc Grossman, está en negociaciones secretas con el Talibán que contemplan incluso permitirle abrir oficina en Kabul. Washington prefiere apostar a que una convivencia del gobierno afgano con el Talibán impida otra alianza mortífera con al Qaeda y derivados.
Es posible que esa opción sea razonable. Pero cada día que pasa la desmoralización de los soldados de la OTAN provoca nuevos incidentes que atentan precisamente contra el trabajo de filigrana diplomática de Grossman y la estrategia de Washington. A lo cual se añade que el mando de Karzai sobre su país no tiene visos de consolidarse aun si se mantiene el cronograma de retirada.
Las víctimas civiles llevan años acumulándose sin que nadie parezca sensible a ello a la cabeza de la OTAN. Según la ONU, este año hay un 8 por ciento más de víctimas civiles que el anterior, y en los últimos seis años murieron 13 mil, sin contar las muertes por los desplazamientos y penurias de la guerra. Es cierto que la mayoría de víctimas directas ha muerto a manos del Talibán pero la percepción es que los bombardeos de la OTAN con aviones no tripulados, los ataques a bases talibanes y los incidentes excepcionales golpean mucho más a los civiles que al enemigo. El 'basta' de Karzai, quien es hoy, para colmo, parte del problema, expresa esa desesperada realidad.
Ayudaría mucho a desactivar esta presión y disminuir el odio civil a la OTAN el que Obama, sin renunciar a su estrategia, acelerase cuidadosamente la retirada.

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