03 julio, 2012

EEUU, México y la guerra contra las drogas

AMÉRICA

Por John Stossel

Durante su reciente estancia en el vecino del sur, el presidente Obama declaró: "No voy a fingir que esto es de la sola responsabilidad de México. La demanda de drogas en Estados Unidos es lo que hace a estas mafias estar en el negocio".
No espero que los políticos sean unos fanáticos de la lógica, pero lo cierto es que esas palabras de Obama son ridículas. La demanda americana de cerveza mexicana también es muy fuerte, pero no hay ninguna mafia de la cerveza mexicana. Cuando Obama visita Francia no consulta a los expertos sobre, pongamos por caso, la violencia vinícola. En la frontera con México lo que tenemos es un fenómeno de extrema violencia relacionado con la prohibición del consumo de drogas.


Un producto legal se fabrica y distribuye abiertamente, y está sometido a la competencia y a los trámites propios de la distribución. Si dos distribuidores de cerveza tienen un enfrentamiento, o si una destilería no paga a su distribuidor, las partes perjudicadas pueden acudir a los tribunales. No hay necesidad alguna de tomarse la justicia por la mano. En consecuencia, la capacidad de provocar el caos no es una cualidad muy valorada en los sectores legales de la economía.

Los distribuidores de un producto prohibido se mueven en el mercado negro. Los empresarios normales se mantienen al margen, por lo que los que concurren a aquél no suelen tener demasiados escrúpulos morales. Los participantes en el mercado negro no pueden resolver sus diferencias en los tribunales, de ahí que en este ámbito la destreza a la hora de recurrir a la fuerza bruta sea considerado una ventaja competitiva.

Los políticos impusieron la prohibición del consumo de estupefacientes y crearon así las condiciones que hacen rentable el ejercicio de la violencia. Por supuesto, esto no justifica a quienes recurren a la violencia, pero el hecho sigue siendo que un mercado legal de la droga sería tan pacífico como el mercado de la cerveza, o el del vino, o el del whisky. Cuando la Ley Seca, que provocó un aumento formidable de la delincuencia organizada, pasó a mejor vida, en 1933, hubo un breve aumento del consumo de alcohol, pero América se convirtió en un lugar más pacífico y menos corrupto.

Deberíamos haber aprendido la lección, pero no lo hemos hecho. Los políticos americanos son en gran medida responsables de las atrocidades que se están cometiendo hoy en día. Por supuesto, no es esto lo que quieren escuchar, así que lo que hacen es culpar a los demás. Su solución a la escalada de violencia consiste en cercar aún más la producción y distribución de las sustancias prohibidas. Esto no ha funcionado en la vida, y no va a hacerlo ahora.

La rentabilidad del mercado negro es tan alta, debido a lo limitado de la competencia y al riesgo, que hay que pagarlo, que los que quieren formar parte de él son legión. Desarticule una mafia, y enseguida saldrá otra para ocupar su lugar. Los altísimos márgenes de beneficio proporcionan cantidades ingentes de dinero, con el que sobornar a jueces, policías y guardias fronterizos. Incluso en América.

Cuando los políticos americanos utilizan como chivos expiatorios a los consumidores de drogas, lo que hacen es colapsar los tribunales y atiborrar las cárceles de gente que, no habiendo cometido delito violento alguno, queda estigmatizada de por vida.

¿Cuándo vamos a aprender que la prohibición no hace desaparecer por las buenas un producto que tiene demanda? Simplemente, traslada su comercialización a los dominios de la delincuencia. El resultado, para la sociedad, es peor que si las drogas fueran legales. Tras décadas de guerra contra las drogas, cualquiera sigue pudiendo comprar la que más le guste. Las autoridades no han podido alejarla ni siquiera de las prisiones.

Los partidarios conservadores de la guerra contra las drogas suelen dejar de lado un aspecto interesante de esta cuestión: el presidente Obama y la secretaria de Estado Clinton han prometido al Gobierno mexicano que detendrán el flujo de armas americanas que emplean las mafias del narcotráfico, con lo que la guerra contra las drogas se convertirá en la guerra contra las armas.

Los agentes antidroga de Obama están encantados de relacionar ambas cuestiones. El presidente, de hecho, ha afirmado: "Más del 90% de las armas recuperadas en México proceden de Estados Unidos; muchas de ellas, de armerías próximas a la frontera que compartimos. Y ese es el motivo de que en nuestro lado de la raya estemos redoblando el número de efectivos de las fuerzas del orden".

Ese 90% se cita en repetidas ocasiones, pero Fact Check sostiene que se trata de un dato falso: "[Esa cifra] sólo da cuenta de los delitos cometidos con armas de fuego de los que las autoridades mexicanas han dado parte y que han sido investigados por funcionarios americanos. (...) Funcionarios americanos y mexicanos afirman que México recupera más armamento del que reporta a Estados Unidos para su rastreo". Igualmente, Fast Check afirma que México sólo informa del armamento del que tiene razones para creer que procede de Estados Unidos.

Una vez más, vemos que los políticos desprecian tanto la verdad como la libertad.

No hay comentarios.: