12 julio, 2012

EN LA SOCIEDAD LIBRE HAY:

Separación de Estado e Iglesia

La libertad política exige la separación de Iglesia y Estado. Este principio es defendido con frecuencia, pero rara vez se comprende de verdad.
Apropiadamente, esta separación está basada en el principio de la libertad intelectual. Significa que cada individuo debe ser libre de pensar y de aceptar cualquier idea que le parezca bien.

Decir que la iglesia está separada del estado significa que el estado no hace ninguna evaluación de las ideas de sus ciudadanos, sean ideas religiosas o de otro tipo. La preocupación del estado debe ser sólo con las acciones de los hombres, en particular con las acciones que dañan los derechos individuales. El estado ni persigue ni tolera ni fomenta ningún tipo de ideas – porque es indiferente a las ideas como tal.
Desde la perspectiva opuesta, decir que el estado está separado de la iglesia significa que un ciudadano – incluyendo cualquier facción de ellos, tal como una comunidad religiosa – es incapaz de utilizar el poder coercitivo del estado para penalizar o apoyar ideas, religiosas o de otro tipo. Si un ciudadano quiere obstaculizar o apoyar una idea, tiene que exponer y defender su posición ante los otros, no promulgar una ley.
En una sociedad libre, el gobierno no tiene el poder de perseguir o establecer ideas religiosas, porque no tiene poder de regular ideas como tal. Nadie, incluyendo los funcionarios del gobierno, puede imponerles sus ideas a ninguna otra persona.
Preguntas y Respuestas con Ayn Rand
¿Puede justificarse el capitalismo en base a razones religiosas?
No puede haber error más desastroso – moral, filosófica y políticamente – que afirmar que la justificación última del capitalismo está basada en la fe. Afirmar esto es anunciar que no hay ninguna justificación racional para el capitalismo, que no hay argumentos racionales para apoyar los principios que crearon los Estados Unidos – y que la razón está del lado del enemigo.
Los comunistas afirman que ellos son los campeones de la razón y de la ciencia. Si los conservadores admiten esa afirmación y se retiran al ámbito de la religión, eso será un acto de abdicación intelectual, el tipo de renuncia intelectual que la ideología irracional de los comunistas nunca podría podido conseguir por sus propios méritos.
El conflicto entre capitalismo y comunismo es un conflicto moral y filosófico, que debe ser combatido y ganado en la mente de los hombres, en el ámbito de las ideas; sin esa victoria, ninguna victoria en el campo político es posible. Pero uno no puede ganar las mentes de los hombres diciéndoles que no piensen; uno no puede ganar una batalla intelectual renunciando al intelecto; uno no puede convencer a nadie apelando a la fe.
El capitalismo está muriendo por deserción. La causa histórica de su destrucción es el fracaso de sus defensores filosóficos de presentar un argumento completo y coherente y de ofrecer una justificación moral para su posición. Sin embargo, la razón está del lado del capitalismo; sus defensores pueden presentar, y tienen que presentar, un argumento racional irrefutable. La deserción filosófica de los conservadores se convertirá en definitiva, si el capitalismo – la sola y la única forma racional de vivir – se ve relegado a la condición de una doctrina mística.
No estoy sugiriendo que debáis adoptar una postura contra la religión. Estoy diciendo que el capitalismo y la religión son dos asuntos diferentes, que no deben estar unidos en un “paquete conjunto” ni en una causa común. Esto no significa que personas religiosas no puedan ser activistas a favor del capitalismo, pero sí significa que personas no religiosas, como yo, no pueden ser activistas a favor de la religión.
Según el principio constitucional de separación entre iglesia y estado, la religión es un asunto privado; no debe incorporarse a asuntos públicos ni a asuntos del gobierno, y no debería hacer parte de movimientos políticos. Considerad las consecuencias de la tentativa de vincular el conservadurismo a la religión: si esta tentativa tuviera éxito, haría que la religión se convirtiera en una parte integrante de nuestro sistema político, en directa contradicción a la Constitución. La siguiente pregunta que surgiría sería: ¿Qué religión, cuál de ellas? Las religiones han vivido en paz unas con otras y con pensadores no religiosos solamente desde el siglo XIX, desde que Estados Unidos estableció el régimen del principio de la separación de Iglesia y Estado. Algunas de ellas, sobre todo la Iglesia Católica, nunca han renunciado a su sueño de recuperar el control del poder de compulsión del Estado. ¿Es este un objetivo que los defensores del capitalismo pueden apoyar, ayudar o defender? Si este objetivo tuviera éxito, ¿qué sería de las minorías religiosas? ¿O de aquellos que no tienen religión?
Un movimiento político secular no excluye a las personas religiosas. Un movimiento político religioso sí excluye a los no religiosos, como a mí y a los que están de acuerdo conmigo.
¿Los conservadores religiosos están defendiendo el capitalismo?
Intuyendo la necesidad de una base moral, muchos “conservadores” decidieron escoger la religión como su justificación moral; ellos afirman que los Estados Unidos y el capitalismo están basados en la fe en Dios.
Políticamente, esa afirmación contradice los principios fundamentales de los Estados Unidos: en América, la religión es un asunto privado que no puede y no debe estar vinculado a cuestiones políticas.
Intelectualmente, el que uno justifique un argumento por la fe equivale a admitir que la razón está del lado de sus enemigos – que uno no tiene argumentos racionales que ofrecer. El argumento de los “conservadores” que dicen que su caso se basa en la fe, significa que no hay argumentos racionales para justificar el sistema americano, ninguna justificación racional para la libertad, la justicia, la propiedad, los derechos individuales, que estos se basan en una revelación mística y que pueden ser aceptados sólo por la fe – que desde el punto de vista de la razón y la lógica el enemigo está correcto, pero que los hombres deben considerar la fe como superior a la razón.
Considerad las implicaciones de esa teoría. Mientras que los comunistas afirman que ellos son los representantes de la razón y de la ciencia, los “conservadores” lo admiten y se refugian en el reino del misticismo, de la fe, de lo sobrenatural, en otro mundo, entregándole este mundo al comunismo. Es el tipo de victoria que la ideología irracional de los comunistas nunca podría haber conseguido por sus propios méritos.
Observad los resultados. Con motivo de la primera visita de Kruschev a los Estados Unidos, él declaró, en un almuerzo televisado, que había amenazado con enterrarnos, porque había sido demostrado “científicamente” que el comunismo es el sistema del futuro, destinada a regir el mundo. ¿Qué hizo el portavoz de nuestra respuesta? El Sr. Henry Cabot Lodge le contestó que nuestro sistema está basado en la fe en Dios. Antes de la llegada de Kruschev, los líderes “conservadores” – incluyendo senadores y miembros de la Cámara de Representantes – hicieron protestas indignadas contra su visita, pero la única acción que le propusieron al pueblo americano, la única forma “práctica” de protestar, fue: la oración y la celebración de servicios religiosos por las víctimas de Kruschev. Saber que oraciones es lo que fue propuesto como única arma por los representantes del país más poderoso de la tierra – un país supuestamente dedicado a la lucha por la libertad – fue lo suficiente para desacreditar a los Estados Unidos y al capitalismo ante los ojos de cualquiera, tanto en casa como en el extranjero.
Esto me lleva al tema del National Review. Estoy profundamente opuesto a ello, no porque sea una revista religiosa – sino porque pretende no serlo. Hay revistas religiosas que uno puede respetar, aunque no esté de acuerdo con sus puntos de vista. Pero el hecho de que el National Review se presente como una revista política secular, mientras sigue una línea estrictamente religiosa en su enfoque, puede tener un solo objetivo: el introducir objetivos religiosos a escondidas en los que no los aceptan abiertamente, a “luchar desde dentro”, a vincular conservadurismo a religión, y así hacerse cargo de los conservadores americanos. Este intento proviene de un grupo de presión más amplio que el National Review, pero el National Review es una de sus manifestaciones.
¿Hay alguna diferencia entre la filosofía de la encíclica del Papa y el comunismo? Estoy absolutamente dispuesta, en esta materia, a aceptar la palabra de una eminente autoridad católica. Bajo el titular: “Encíclica Llamada un Rechazo al Marxismo,” el periódico The New York Times del 31 de marzo de 1967, informa: “El reverendo John Courtney Murray, prominente teólogo jesuita, describió ayer la encíclica más reciente de Pablo VI como “la respuesta definitiva de la iglesia al Marxismo”. . . . “Los marxistas han propuesto una forma, y para conseguir su programa ellos se basan sólo en el hombre”, dijo el Padre Murray. “Ahora el Papa Paul VI ha publicado un plan detallado para lograr el mismo objetivo, basándose en un humanismo verdadero – un humanismo que reconoce la naturaleza religiosa del hombre”.
Amén.
Eso es todo para los americanos “conservadores” que afirman que la religión es la base del capitalismo – y que creen que pueden tener el capitalismo y comérselo al mismo tiempo, como exige el canibalismo moral de la ética altruista.
Y eso es todo para los modernos “liberales” que se jactan de ser los campeones de la razón, la ciencia y el progreso – y que desprecian a los defensores del capitalismo como representantes supersticiosos y reaccionarios de un pasado oscuro. Haceos a un lado, camaradas, y dejad sitio para vuestros nuevos compañeros de viaje, que siempre habían pertenecido a vuestro lado – y entonces echadle un vistazo, si os atrevéis, al tipo de pasado que ellos representan.
¿El aborto debería ser legal?
El aborto es un derecho moral – que debe dejarse a la total discreción de la mujer a quien le incumbe; moralmente, nada más que su deseo en el asunto debe ser considerado. ¿Quién podría legítimamente asumir el derecho de dictarle a ella cómo debe disponer de las funciones de su propio cuerpo?
Si alguno de entre vosotros está confundido o engañado por el argumento de que las células de un embrión son células humanas vivas, recordad que también lo son todas las células de tu cuerpo, incluyendo las células de tu piel, tus amígdalas, o tu apéndice infectado – y que cortarlos es un asesinato, de acuerdo con las nociones de la ley propuesta. Recordad también que una potencialidad no es lo equivalente a una realidad – y que la vida de un ser humano comienza en el nacimiento.
La cuestión del aborto implica mucho más que la terminación de un embarazo: se trata de una cuestión de toda la vida de los padres. Como he dicho antes, la paternidad es una enorme responsabilidad; es una responsabilidad imposible para jóvenes ambiciosos y luchadores, pero pobres; sobre todo si son lo suficientemente inteligentes y conscientes como para no abandonar a su hijo en cualquier umbral ni de entregarlo a la adopción. Para tales jóvenes, el embarazo es una sentencia de muerte: la paternidad les obligaría a renunciar a su futuro, y les condenaría a una vida de trabajo duro y sin esperanzas, de esclavitud a las necesidades físicas y financieras de un niño. La situación de una madre soltera, abandonada por su amante, es aún peor.
No puedo realmente imaginarme el estado mental de una persona que desee condenar a otro ser humano a tal horror. No puedo visualizar el grado de odio que se requiere para que esas mujeres vayan por ahí haciendo cruzadas contra el aborto. Odio es ciertamente lo que proyectan, no amor por los embriones, que es una tontería que nadie podría sentir, sino odio, un odio virulento por un objeto no identificado. A juzgar por el grado de intensidad de esas mujeres, yo diría que es una cuestión de autoestima y que su temor es metafísico. Su odio está dirigido contra seres humanos como tales, contra la mente, contra la razón, contra la ambición, contra el éxito, contra el amor, contra cualquier valor que le traiga felicidad a la vida humana. En consideración a la deshonestidad que domina el campo intelectual hoy en día, se llaman a sí mismas “pro-vida.”
¿Con qué derecho se adjudica alguien el poder de disponer de las vidas de otros y de dictar sus decisiones personales?
¿Es el uso del control de la natalidad un derecho?
En lo que respecta a los aspectos morales del control de la natalidad, el derecho primario en cuestión no es el “derecho” de un niño que aún no ha nacido, ni de la familia, ni de la sociedad, ni de Dios. El derecho primario es uno que – en el clamor público de hoy sobre el tema – pocas o casi ninguna voz han tenido la valentía de defender: el derecho del hombre y la mujer a su propia vida y felicidad – el derecho a no ser considerados como medios para ningún fin.

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