10 septiembre, 2012

La voz de la tiranía

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La noticia de un incidente violento en las protestas en Ocupa del pasado año revela las divagaciones lingüísticas con las que los periódicos pueden llegar a esconder responsabilidades. El National Post es el que mejor lo dijo:
Scott Olsen, 24 años, antiguo marine de EEUU que prestó servicio en dos ocasiones en Iraq, fue golpeado en la cabeza por un bote de gas lacrimógeno disparado el martes por la policía al intentar impedir que los manifestantes reclamaran una plaza pública.
Olsen estaba aproximadamente a 1 metro de las barricadas de la policía en Ocupa Oakland cuando los policías lanzaron gas lacrimógeno y dispararon perdigones contra la multitud. El golpe en la frente de Olsen le hizo caer en el cemento y fracturarse el cráneo.

Violencia en voz pasiva

Es algo bastante rebuscado. Una forma sencilla de decirlo sería: “El martes, la policía, peleando con los manifestantes, golpeó en la cabeza con un bote de gas lacrimógeno al veterano marine de EEUU en dos misiones, Scott Olsen”.
Independientemente de si la acción de la policía era legal o estaba justificada, ese inicio dejaría al menos claro quién hizo qué a quién.
Pero por el contrario, el Post elige utilizar la voz pasiva: una forma de escribir que destaca que la cosa actuó en lugar de la acción de la cosa o la persona. Olsen “fue golpeado en la cabeza” (fue golpeado, ya veis; nadie le golpeó) “por un bote de gas lacrimógeno” (maldita cosa) que él mismo fue “disparado el martes por la policía”.
En “Politics and the English Language“, de George Orwell, este incluye a la voz pasiva como parte de un “catálogo de timos y perversiones”, técnicas de escritura política “pensadas para hacer que las mentiras suenen a verdaderas y el asesinato a respetable y dar una apariencia de solidez al puro viento”.
En la voz activa, el sujeto de la oración realiza una acción directa. Por ejemplo, podríais decir que Richard Nixon cometió un error. O que un policía golpeó a Olsen con un bote de gas lacrimógeno.
En la voz pasiva, el sujeto de la oración es el receptor de la acción. Los errores fueron cometidos. Olsen fue golpeado en la cabeza. La responsabilidad fue evitada.
Contar una historia de violencia en voz pasiva es como poner en una obra de teatro a personajes en la sombra golpeando a un hombre que está bajo los focos. El foco dramático está en la parte herida y los atacantes permanecen indefinidos.

Sujetos desfavorecidos

La voz pasiva y las construcciones relacionadas con ella son buenas y apropiadas en muchos contextos. Por ejemplo, los científicos destacan la neutralidad de sus experimentos diciendo cosas como “Veinte miligramos de uranio fueron colocados en la centrifugadora”.
Pero los pasivos son asimismo utilizados diabólicamente para expresar pensamientos colectivistas imprecisos: eliminan la acción humana de un acontecimiento, eliminando la responsabilidad de las personas reales y otorgándosela al aire o a vagos colectivos.
Orwell escribía que es un círculo vicioso: nuestro idioma “se convierte en feo e inapropiado porque nuestros pensamientos son estúpidos, pero la dejadez de nuestro idioma nos hace más fácil tener pensamientos estúpidos”.
Consideremos el término “desfavorecido”. Cuando decimos “este niño es desfavorecido”, es un pasivo adjetivo, el niño ha tenido desfavores por parte de algunas personas desconocidas.
En realidad, “desfavorecido” es un eufemismo para “pobre”, pero mediante su pasiva conlleva la implicación de responsabilidad colectiva. Para un ejemplo de cómo funciona este truco, echad un ojo al principio de una reclamación en el sitio izquierdista ForceChange.com.
Los individuos desfavorecidos que son adictos a drogas y alcohol están siendo sometidos a una forma de opresión de clase.
Los “desfavorecidos” tiene que adivinar uno, son los que no se ven suficientemente favorecidos. ¿Pero quién está realizando el favorecimiento? ¿Y quién diablos está sometiéndoles a “opresión de clase”? La reclamación continúa:
Los desfavorecidos tienden a no tener el mismo sistema de apoyo que tiene la gente favorecida. No deberíamos oprimirles más manteniendo fuera de su alcance buenos programas de rehabilitación de la adicción a las drogas y el alcohol.
¡Ajá! Aparentemente, “nosotros” (lo que significa “las personas favorecidas”) oprimíamos a los que son más pobres. Por eso “nosotros” (lo que significa el estado) debemos subvencionar esos programas de rehabilitación para ayudarles.
Las construcciones pasivas al inicio de la reclamación preparaban este doblepensar ocultando la cuestión de quién infligía realmente daño a estos drogadictos pobres.
¿Quién criminaliza las drogas? ¿Quién dirige la aplicación de las leyes sobre drogas contra usuarios pobres (y negros) de drogas? ¿Quién mantiene alto el precio del consejo psiquiátrico manteniendo una cártel licenciado?
Si nos dimos cuenta de que los cargos estatales habían contribuido al problema, podríamos ser más escépticos acerca de su capacidad para arreglarlo.
Pero una vez que entramos en la vía de los “desfavorecidos” es fácil pensar en el éxito económico como un privilegio que nunca se especifica pero que las personas todopoderosas te dan o niegan.
El lenguaje apaga la luz del análisis económico y praxeológico y da entrada a un mundo de oscuros colectivos y mitos marxistas.

Esforzarse para hablar

El uso excesivo de la voz pasiva no contiene el flujo de palabras con una censura directa. Simplemente nos obviedades confusas. Seguimos hablando de pobreza y violencia, pero nos apiñamos en torno a las víctimas de la opresión sin mirar directamente a sus opresores.
El artículo del National Post sobre el incidente de Scott Olsen se titula: “Veterano de la guerra de Iraq sufre heridas graves después de ser golpeado en la cabeza en una manifestación de Ocupa Oakland”. Aquí en la voz activa, al principio del título, está el veterano “sufriendo”. Al final “es golpeado”. Somos vagamente conscientes de que alguien debe haberle golpeado, pero ¿quién fue?
El daño en la cabeza de Scott Olsen le hizo incapaz de hablar durante días y aunque podía escribir, perdió la capacidad de deletrear adecuadamente. Seis semanas después, su habla seguía siendo “entrecortada y grave”.
Quienes seguimos poseyendo nuestra facultad de hablar y escribir podrían querer usarlas para comunicar tan vívidamente como podamos las acciones humanas reales que conforman nuestro mundo.
Los manifestantes no fueron golpeados por botes de gas lacrimógeno volando por sí mismos. Las clases y colectivos no están favorecidos o desfavorecidos entre sí.
Hombres y mujeres individuales y activos conforman el mundo para lo bueno y lo malo, confiando en ideas que han pensado y expresado.
En un ataque de optimismo, Orwell concluía que “el actual caos política está relacionado con la decadencia del lenguaje” y por tanto “uno probablemente pueda conseguir alguna mejora empezando por los verbos”.

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