Dentro de una semana, Enrique Peña Nieto habrá
anunciado ya quienes serán los responsables de las distintas áreas de
seguridad del gobierno federal. Ayer, se tuvo que haber elegido a los
dos integrantes de la Suprema Corte de Justicia que remplazarán a los
ministros Guillermo Ortiz Mayagoitia y Sergio Aguirre Anguiano.
El conflicto entre la PGR y la Policía Federal sigue escalando nuevas
cotas respecto a lo ocurrido en Tres Marías. Y el sistema de justicia,
así como el de seguridad, crujen por todos lados.
Hay historias que demuestran que, pese a lo avanzado, hay mucho por hacer todavía en esos ámbitos. El primer punto y principal es que siguen existiendo altísimos índices de impunidad: en promedio, el índice de impunidad entre los delitos denunciados continua cerca de 98% (95% en los delitos federales) y hay casos tan flagrantes que no se explica cómo no puede hacerse justicia.
Ayer se informó que Sergio Barraza murió en un enfrentamiento con fuerzas de seguridad en Zacatecas. Este joven se había vuelto célebre porque hace ya algunos años había asesinado a su novia, una joven de 16 años llamada Rubí Frayre. Las investigaciones llevaron hasta el asesino, quien incluso confesó y fue llevado ante un tribunal colegiado en uno de los primeros juicios orales realizado en Chihuahua. Nadie sabe qué sucedió entre los miembros del tribunal, pero el asesino quedó en libertad. La madre de Rubí, Marisela Escobedo, se convirtió en una activista en busca de la justicia para su hija. A Barraza volvieron a dictarle una orden de aprehensión, pero nunca más lo lograron detener. Marisela, mientras exigía justicia en un campamento frente al Palacio de Gobierno del estado, fue asesinada por un sicario que parecía ser, en las cámaras de seguridad, el mismo asesino de su hija. Hace unos meses fue detenido un sicario del grupo de La Línea, quien asegura que fue él quien mató a Marisela, aunque su familia aún tiene dudas al respecto. Y, ayer, Barraza apareció muerto, pero en Zacatecas, en medio de un enfrentamiento con un grupo de narcotraficantes. ¿Usted cree que se hizo justicia?
Hace unos meses se anunciaba con bombo y platillos la detención de dos colombianos con un cargamento de cocaína. Por alguna extraña razón cuando la supuesta cocaína llegó a los laboratorios periciales resultó que era… jabón. Los supuestos narcotraficantes igual fueron arraigados sin que explicaran nunca esa capacidad de alquimistas para la transformación de cocaína en jabón, pero sí denunciaron que los agentes que realizaron el operativo les habían robado una maleta llena de dólares, que tampoco explicaron de dónde provenían. Finalmente, fueron dejados en libertad hace un mes. Esta semana fueron encontrados acribillados y con un tiro de gracia. Del jabón y de los dólares nunca más se volvió a saber nada.
Leemos los testimonios de la Policía Federal y de la PGR sobre el caso Tres Marías. Parece que los agentes policiales y los de la CIA estuvieron en dos tiroteos completamente diferentes. Hay puntos de contacto, pero pareciera que en la investigación la intención es obviarlos y avanzar en el enfrentamiento interinstitucional. A esta altura nadie sabe cómo ocurrió el ataque y, si fue como dice la PGR un ataque intencional, ¿por qué lo cometieron los agentes?, ya que se asegura que no tenían relación con grupos criminales. Tampoco se explica si, como se dice, el ataque fue intencional por qué los agresores terminaron llevando a los heridos al hospital. Ni se explica, desde el lado de la PF, la magnitud del ataque a la camioneta (152 disparos) aunque haya sido confundida con la de unos criminales. Y menos aún se explica cómo puede argumentar la PGR que la Policía Federal no tenía atribuciones para investigar un secuestro en la zona… y exigir que se hiciera con uniforme y patrullas. Todo es como un argumento, del siglo XXI, para unas películas de un revivido Juan Orol.
Hay avances. Por ejemplo, este domingo presentará su segundo informe Egidio Torre Cantú. Tamaulipas está lejos de haber recuperado plenamente la seguridad pública, pero va en el camino correcto. El esfuerzo de la administración de Torre Cantú ha sido notable, sobre todo en este último año, para reconstruir unas instituciones y un tejido social que estaban muy lastimados.
Pero esos esfuerzos legítimos parecen diluirse en un mar de incongruencias locales y federales que en ocasiones vuelven difícil, incluso, pensar en aquella frase del pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. Pesimismo hay, pero, ¿hay voluntad en todas partes para sacar al país adelante en el ámbito de la justicia y la inseguridad?
PD: este domingo a las 19 horas en la Feria Internacional del libro de Guadalajara presentaremos junto con mi compañera y coautora, el libro La Elite y la Raza, la privatización de la educación, un texto con el que buscamos hacer una defensa por una educación pública, laica y de calidad para todos los mexicanos. Los esperamos.
Hay historias que demuestran que, pese a lo avanzado, hay mucho por hacer todavía en esos ámbitos. El primer punto y principal es que siguen existiendo altísimos índices de impunidad: en promedio, el índice de impunidad entre los delitos denunciados continua cerca de 98% (95% en los delitos federales) y hay casos tan flagrantes que no se explica cómo no puede hacerse justicia.
Ayer se informó que Sergio Barraza murió en un enfrentamiento con fuerzas de seguridad en Zacatecas. Este joven se había vuelto célebre porque hace ya algunos años había asesinado a su novia, una joven de 16 años llamada Rubí Frayre. Las investigaciones llevaron hasta el asesino, quien incluso confesó y fue llevado ante un tribunal colegiado en uno de los primeros juicios orales realizado en Chihuahua. Nadie sabe qué sucedió entre los miembros del tribunal, pero el asesino quedó en libertad. La madre de Rubí, Marisela Escobedo, se convirtió en una activista en busca de la justicia para su hija. A Barraza volvieron a dictarle una orden de aprehensión, pero nunca más lo lograron detener. Marisela, mientras exigía justicia en un campamento frente al Palacio de Gobierno del estado, fue asesinada por un sicario que parecía ser, en las cámaras de seguridad, el mismo asesino de su hija. Hace unos meses fue detenido un sicario del grupo de La Línea, quien asegura que fue él quien mató a Marisela, aunque su familia aún tiene dudas al respecto. Y, ayer, Barraza apareció muerto, pero en Zacatecas, en medio de un enfrentamiento con un grupo de narcotraficantes. ¿Usted cree que se hizo justicia?
Hace unos meses se anunciaba con bombo y platillos la detención de dos colombianos con un cargamento de cocaína. Por alguna extraña razón cuando la supuesta cocaína llegó a los laboratorios periciales resultó que era… jabón. Los supuestos narcotraficantes igual fueron arraigados sin que explicaran nunca esa capacidad de alquimistas para la transformación de cocaína en jabón, pero sí denunciaron que los agentes que realizaron el operativo les habían robado una maleta llena de dólares, que tampoco explicaron de dónde provenían. Finalmente, fueron dejados en libertad hace un mes. Esta semana fueron encontrados acribillados y con un tiro de gracia. Del jabón y de los dólares nunca más se volvió a saber nada.
Leemos los testimonios de la Policía Federal y de la PGR sobre el caso Tres Marías. Parece que los agentes policiales y los de la CIA estuvieron en dos tiroteos completamente diferentes. Hay puntos de contacto, pero pareciera que en la investigación la intención es obviarlos y avanzar en el enfrentamiento interinstitucional. A esta altura nadie sabe cómo ocurrió el ataque y, si fue como dice la PGR un ataque intencional, ¿por qué lo cometieron los agentes?, ya que se asegura que no tenían relación con grupos criminales. Tampoco se explica si, como se dice, el ataque fue intencional por qué los agresores terminaron llevando a los heridos al hospital. Ni se explica, desde el lado de la PF, la magnitud del ataque a la camioneta (152 disparos) aunque haya sido confundida con la de unos criminales. Y menos aún se explica cómo puede argumentar la PGR que la Policía Federal no tenía atribuciones para investigar un secuestro en la zona… y exigir que se hiciera con uniforme y patrullas. Todo es como un argumento, del siglo XXI, para unas películas de un revivido Juan Orol.
Hay avances. Por ejemplo, este domingo presentará su segundo informe Egidio Torre Cantú. Tamaulipas está lejos de haber recuperado plenamente la seguridad pública, pero va en el camino correcto. El esfuerzo de la administración de Torre Cantú ha sido notable, sobre todo en este último año, para reconstruir unas instituciones y un tejido social que estaban muy lastimados.
Pero esos esfuerzos legítimos parecen diluirse en un mar de incongruencias locales y federales que en ocasiones vuelven difícil, incluso, pensar en aquella frase del pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. Pesimismo hay, pero, ¿hay voluntad en todas partes para sacar al país adelante en el ámbito de la justicia y la inseguridad?
PD: este domingo a las 19 horas en la Feria Internacional del libro de Guadalajara presentaremos junto con mi compañera y coautora, el libro La Elite y la Raza, la privatización de la educación, un texto con el que buscamos hacer una defensa por una educación pública, laica y de calidad para todos los mexicanos. Los esperamos.
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