Richard Cobden: Creador del mercado libre
John Chodes
Ideas on Liberty
La primera mitad del siglo diecinueve en Inglaterra fue en gran medida
como los Estados Unidos contemporáneos: Un país estrangulado por los
reglamentos burocráticos. Mucha gente estaba siempre hambrienta, no
debido a que los salarios eran de un nivel de pobreza, sino porque el
precio del grano para el pan era mantenido artificialmente alto a través
de las leyes, las cuales simultáneamente impedían la importación de
granos extranjeros y subsidiaban a los productores domésticos. Las
bataholas por alimentos, el malestar doméstico y una economía estancada
no eran lo suficientemente espantosos como para lograr que el gobierno
eliminase estas barreras.
En medio de todo esto, vivía un exitoso y joven productor textil
de Manchester, llamado Richard Cobden (1804-1865). Vio la injusticia
social, y ella lo enfureció. Estaba decidido a cambiarla, y lo hizo.
Consecuentemente, el mundo le debe la existencia del mercado libre.
Cobden demostró métodos que podemos utilizar para romper nuestras
propias leyes proteccionistas del “comercio justo” y los subsidios
masivos a los alimentos.
Richard Cobden comenzó su vida pública dejándole a su hermano su
compañía de impresiones de calicó. Recibía una parte de las ganancias,
las que le permitieron a Cobden dedicarse tiempo completo a la causa del
libre comercio. Parecía una tarea imposible. Sin embargo, siete años
más tarde, Inglaterra había experimentado un cambio económico, político,
y social revolucionario. Los impuestos sobre los granos habían sido
diezmados. Una prosperidad sin igual inundó Inglaterra. Por los
siguientes 85 años Gran Bretaña mantuvo el liderazgo económico del
mundo, y el reclamo de “libre comercio” se volvió mucho más que un mero
slogan económico. El libre comercio denotó la filosofía del gobierno
limitado, de la justicia, y de la libertad.
Cobden comprendió las verdades morales detrás del comercio no
reglamentado. El romper las trabas a la libertad de comerciar, implica
romper las barreras de clases y los obstáculos a los derechos civiles.
Redujo la expansión militar, dado que una marina poderosa era una
herencia de la vieja idea mercantil de que los buques de guerra
protegían el comercio entre las colonias y otros mercados controlados.
Las Leyes del Maíz
Las aranceles proteccionistas fueron llamados “Las Leyes del
Maíz.” Ellas restringieron el libre flujo del maíz, del trigo, de la
cebada y de la avena entre Gran Bretaña y los países extranjeros para
proteger al granjero británico de la competencia.
La interferencia sistemática del gobierno en la producción de
granos comenzó alrededor de 1660. La enmendada Ley del Maíz de 1774, la
cual dominó la legislación durante el siguiente medio siglo, es un
ejemplo típico: cuando el precio interno del maíz, según lo pagado al
granjero por el panadero o por el distribuidor, caía por debajo de £2.4
el cuarto (28 libras), el granjero era incentivado para vender sus
productos al exterior, a fin de evitar que el precio del mercado bajase
aún más. Le era otorgado un premio de cinco chelines por cada “cuarto”
exportado. Cuando el maíz se vendía a £2.8, la exportación estaba
prohibida. Sobre los precios entre estos niveles, había un impuesto de
seis peniques el cuarto. Al tiempo, este sistema se tornó
progresivamente más burocrático, con elaborados reglamentos
especificando cómo y en qué ciudad el precio debía ser medido, con
procedimientos específicos para reportar y permisos para las diferencias
regionales.1
Las Leyes del Maíz evidenciaron otra característica de los
controles gubernamentales: Los reglamentos y los subsidios en un área,
conducían a la manipulación de las áreas tangenciales. En este caso,
cuando las malas cosechas implicaban precios altísimos de los granos y
del pan, el mecanismo de la Ley del Maíz exacerbaba el problema,
provocando precios más elevados aun. Esto causó disturbios civiles, a
tal punto que el gobierno temió una insurrección. Para desactivar la
amenaza, los salarios de los trabajadores fueron subvencionados,
vinculándoselos con el precio del pan. Este subsidio venía de las “Tasas
del Pobre,” el sistema británico de bienestar del siglo diecinueve.
Esto amplió enormemente los programas de prestaciones sociales del
Estado, conduciendo a un masivo fraude, a injusticias, e incluso a un
mayor descontento civil.
Las Leyes del Maíz no son simplemente cosas del pasado. Su
espíritu existe en la mayoría de los países del mundo. Hoy día en los
Estados Unidos, los productos agrícolas son subvencionados y
almacenados, por una suma de diez mil millones de dólares anuales, para
mantener el precio de los alimentos artificialmente altos. Esto
incrementa los ingresos de los agricultores pero también evita que los
pobres coman como deben. Esto ha conducido, como en el siglo diecinueve
en Inglaterra, al proteccionismo, a las tensiones internacionales, y a
la amenaza de guerras comerciales.
Richard Cobden: De Empresario a Panfletista
Cobden nació en Dunford, West Sussex, en 1804. Debido a una
sucesión de fracasos en los negocios familiares, su padre no podía
apoyar al joven Richard. Se fue a vivir con un tío que lo entrenó como
vendedor en su almacén de Londres. A los veintiuno Cobden se convirtió
en un viajante de comercio. Era tan exitoso que en 1831 se instaló por
su cuenta y asumió el control de la compañía de impresiones de calicó en
Manchester.
Manchester era la primera gran ciudad industrial del mundo. Era
vista como la metrópoli del futuro. Alexis de Tocqueville fue quien
mejor explicó la paradoja de Manchester: “Desde este asqueroso drenaje
la más grande corriente de la industria humana fluye para fertilizar al
mundo entero. Desde esta alcantarilla asquerosa fluye oro puro. Aquí la
humanidad logra su más completo desarrollo y su mayor brutalidad; aquí
la civilización trabaja sus milagros, y el hombre civilizado es
convertido casi en un salvaje.” 2
En Manchester, Cobden tuvo su primera lección de lo que
significaba el libre comercio. En cuanto asumió la propiedad de la
compañía, el arancel protector en los calicós fue derogado,
permitiéndose exportarlos competitivamente. Esto abrió vastos mercados
nuevos, los cuales no hubiesen podido existir antes, permitiendo a
Cobden desarrollar una nueva clase de estrategia vendedora
internacional. Cobden “introdujo un nuevo modo de negocio. La costumbre
del comercio del calicó en ese entonces, era imprimir algunos diseños, y
observar cautelosa y cuidadosamente a aquellos que fuesen los más
aceptados por el público, así cuando cantidades mayores de ellos
parecieran ser los preferidos, serían impresos y ofrecidos al
distribuidor minorista….. Cobden y sus socios no siguieron la cautelosa y
lenta política de sus precursores, sino que ellos mismos se fijaban en
los mejores diseños, los imprimían de una vez y estimulaban
enérgicamente la venta a través del país. Aquellas piezas que no podían
colocar en el mercado interno, inmediatamente eran enviadas a otros
países y la consecuencia de ello fue que las firmas asociadas se
volvieron muy prósperas.”3
Todavía, en la altura de sus logros, el interés de Cobden en el
calicó disminuyó. Estaba impaciente por perseguir otros derroteros. Para
1835 escribió sus primeros panfletos políticos. Uno, llamado “Rusia”
(describiendo la amenaza de Rusia contra el decadente Imperio Turco),
contenía la base de este maduro pensamiento: “Son las mejoras y los
descubrimientos del trabajo los que confieren la fuerza más grande sobre
un pueblo. Sólo por ellos y no por la espada del conquistador, pueden
las naciones en los tiempos modernos y futuros esperar erigir su poder y
grandeza.”4
Cobden escribió que los gobernantes de Inglaterra inhibían el
descubrimiento y las mejoras, desperdiciando millones en el ejército. Su
blanco preferido era la obsesión británica con la doctrina del
equilibrio del poder. La vio como una fuente de conflicto, no de
estabilidad. “Los imperios han surgido espontáneamente ante nosotros;
otros se han ido pese a nuestros extremos esfuerzos por preservarlos.” 5
Las ideas de Cobden no eran sueños idealistas. La fuerza
industrial de los Estados Unidos había revolucionado la economía mundial
y el equilibrio político. Cobden: “El nuevo mundo esta destinado a
convertirse en el árbitro de la política comercial del viejo.”6
Ya la necesidad de comerciar con América había obligado a Gran Bretaña a
abandonar muchos reglamentos que gobernaban el comercio colonial.
Dado que el libre cambio y la no-intervención militar eran lo
mismo, Cobden, abogó para que Gran Bretaña abandonase el pasado y
abrogara el proteccionismo. Esto haría que Gran Bretaña “se volviese
moralista, al fin, en defensa propia.”7
La Incorporación de Manchester: Preludio a la Derogación
Los panfletos de Cobden atrajeron la atención del editor del Manchester Times,
Archibald Prentice, quien le pidió que hablara sobre cuestiones de
libre comercio. Esto llevó a que Cobden fuese elegido en la Cámara de
Comercio de Manchester. Aquí conoció a dos hombres que influirían en su
pensamiento y dirección: John Benjamín “Ley del Maíz” Smith y John
Bright. El apodo de Smith se debía a sus años de luchar solitariamente
por la derogación de la Ley del Maíz, mucho antes de que se convirtiese
en un asunto importante. Fue Smith quien hizo que Cobden estuviese a
favor de la derogación total, y no tan sólo de reducciones
incrementales. John Bright se convirtió en el principal teniente de
Cobden en la larga guerra por la abrogación. Los viajes de Bright dando
discursos alrededor del país fueron un importante factor en la victoria.
Cobden utilizó a la Cámara de Comercio como vehículo para
focalizar cuestiones públicas. El primer problema político que abordó
fue el de la incorporación de Manchester. Como muchas de las nuevas
ciudades industriales de Inglaterra, Manchester no tenía una carta de la
ciudad (un área político-administrativa urbana). Su gobierno era
aldeano, con el poder de una ciudad pequeña, en lugar del de uno de los
centros urbanos más grandes de Inglaterra.
En 1837 Cobden condujo la batalla para una carta. Un factor
ganador fue que luchó por ella como si fuese una cuestión nacional. Su
panfleto “Incorpore a Su Ciudad” retrató la batalla como una lucha de la
democracia contra el privilegio, de los derechos de las clases
productivas contra la aristocracia rapaz. Demostró que la manipulación
política de la nobleza de los condados forzó a las clases media y
trabajadora a ser sus vasallos.
La incorporación requería de una petición de los contribuyentes.
Había una poderosa oposición de los Tories de la clase alta. Para
contrarrestar esto, Cobden se centró en la “sofocracia,” los
comerciantes y fabricantes más pequeños, para que firmasen la petición.
Entonces, utilizando los registros electorales, los Incorporacionistas
enviaron una circular a todos los electores parlamentarios que apoyaban
las causas de la reforma, para que los ayudasen ocupando asientos en las
reuniones públicas. Ellos lo hicieron, y la incorporación fue
sancionada a pesar del hecho de que los Tories tenían al menos tres
veces más firmas. Cobden realizó una revisión nombre-por-nombre de la
oposición a la petición y encontró que el 70 por ciento eran inválidos.
Con la incorporación, Cobden fue elegido a sus primer cargo público:
concejal de la ciudad.8
La Liga de Manchester: Peleando por el Libre Comercio
Cobden fijó ahora sus intereses en una ambiciosa meta nacional,
la que aparecía previamente como imposible de alcanzar: la derogación de
las Leyes del Maíz. En 1838 fue creada la Asociación Contra la Ley del
Maíz de Manchester (más adelante, la Liga de Manchester). Cobden veía a
la derogación como la batalla más grande de su tiempo. Uniría a los
trabajadores, a los granjeros, y a los intereses comerciales contra el
privilegio para alterar radicalmente la estructura del poder político
del país.
La meta inicial de la Liga era la de educar al público. Los
conferenciantes fueron por toda Inglaterra, dando conferencias sobre el
libre comercio. En esta etapa, la presión política no parecía necesaria.
Pero la Liga tenía un aliado en el Parlamento: Charles Villiers. Por
años él había intentado sin éxito iniciar un debate para la derogación
de la Ley del Maíz en la Cámara de los Comunes, la cual estaba dominada
por los grandes terratenientes. Sin embargo, Cobden sabía que los
esfuerzos de Villiers ayudaban a identificar a los partidarios en el
nivel nacional. Esto influiría en la estrategia de la Liga en las
provincias.
Dentro del primer año Cobden se dio cuenta que había subestimado
la fuerza de los Proteccionistas. En las áreas rurales, las reuniones
de la Liga eran interrumpidas por la violencia física. Los granjeros
creían, erróneamente, que el libre comercio traería desempleo y
depresión. Los Cartistas, representando a los trabajadores urbanos,
fueron hostiles por la misma razón. Cobden esperaba que el mensaje de la
Liga convenciera a ambos grupos de que la derogación abriría nuevos
mercados, lo cuál elevaría todos los salarios. Requirió años de
educación, para que estas verdades finalmente se percibieran.
Esto generó un cambio estratégico: las conferencias eran ahora
combinadas con peticiones al Parlamento. Así comenzó el activismo
político abierto. Para 1840, la Liga de Manchester se transformó,
creando en cada ciudad un partido contra la Ley del Maíz, o por lo menos
un esfuerzo para “prevenir el regreso de cualquier candidato en la
próxima elección, del partido político que fuese, que apoye... el
impuesto al pan de los terratenientes.” 9 Esto significó una Liga más agresiva, menos comprometida, menos temerosa de hacerse de enemigos.
En 1841, un gran depresión económica aconteció. Repentinamente,
el Primer Ministro Robert Peel recurrió a la idea del libre comercio de
bajar los aranceles para estimular la economía. Esto volvió a las Leyes
del Maíz nacionalmente significativas y otorgó mayor credibilidad a la
Liga.
Ahora la Liga tenía varios miembros en el Parlamento, incluyendo
a Cobden. Pero él era un miembro renuente. No deseaba ser “partidista,”
leal y comprometido. Precisaba estar libre para acosar al gobierno.
Los discursos de Cobden en el Parlamento no eran influyentes y
esto desalentó el entusiasmo de los miembros de la Liga. La ayuda cayó
vivamente. En todos los movimientos masivos, el fervor es decisivo. Hay
una necesidad constante de superar los anteriores logros o el riesgo de
la disolución. Entonces Cobden creó proyectos como conferencias y
recolecciones de fondos para mantener el fervor.
Para 1843, paradójicamente, la recuperación económica hizo a la
Liga aceptable para el grupo más antagónico a la derogación: los
terratenientes aristocráticos. Cuando los tiempos habían sido malos, los
precios elevados y los altos subsidios compensaban a las producciones
pobres. Pero ahora los precios continuaban cayendo con la abundancia
creciente, y los Tories veían que las Leyes del Maíz no apuntalaban sus
rentas.
Los discursos de Cobden se volvieron más moderados. En vez de
atacar a las Leyes del Maíz, atacó los grandes males detrás de ellas:
las aflicciones económicas para los trabajadores y los granjeros. El
nuevo acento estaba en la congoja, no en la derogación. Ahora parecía no
ser más una peligro para los Tories. Desaparecieron las amenazas del
derrumbamiento de la sociedad debido a los altos precios de los
alimentos. Ya no sostenía que las Leyes del Maíz beneficiaban solamente a
los ricos. Apeló a los propios terratenientes, demostrándoles que los
aranceles protectores los desalentaron a la hora de invertir para
mejorar sus cosechas, obstaculizando así su prosperidad.
Esta visón más amplia colocó a varios Tories importantes del
lado de la derogación y fue la responsable de que Robert Peel recibiese a
una delegación de la Liga, luego de rechazarlos en varias ocasiones.
Esto fue seguido por un nuevo plan político de la Liga. Todas
las ciudades fueron clasificadas como “seguras,” “dudosas,” o
“desesperanzadas.” El registro de los votantes se centró en los
distritos desesperanzados. Los equipos de conferenciantes y de
captadores de votantes reclutaron a miles de nuevos miembros. El
objetivo central de Cobden estaba escalonado: alcanzar a cada votante
con el material de la Liga a través de los buscadores de votantes. Ello
produjo más entusiasmo, más colectas de fondos, más actividades, pero
fracasó y no destruyó a los Proteccionistas. Cobden tuvo el valor de
admitir que estaba equivocado y cambió totalmente en medio de la
campaña, centrándose en las ciudades en las que se podía ganar.
Cobden apuntó a 160 ciudades como favorables. La elección
nacional de 1845 mostró logros substanciales en 112 de ellas. Esto era
aun insuficiente para ganar un voto Parlamentario. Los miembros de la
Liga estaban ahora enteramente desmoralizados. Su enorme trabajo parecía
en vano. Entonces Cobden descubrió un vericueto en la ley electoral,
permitiendo a la Liga atacar desde una dirección enteramente distinta.
Ésta demostró ser la llave a la victoria.
Previamente Cobden había reconocido a los condados (los
distritos políticos rurales). Para ganarlos tendría que generar un nuevo
electorado extenso. Esto parecía imposible debido a la importante
calificación de la propiedad que era necesario poseer. O eso creía. Pero
una ley poco conocida permitía votar en una elección del condado si uno
poseía una “propiedad de cuarenta chelines,” un pequeño pedazo de
tierra que casi cualquier persona podría solventar. Promoviendo las
propiedades de cuarenta chelines como una gran inversión de bienes
raíces, el número de votantes favorables al libre comercio se amplió
enormemente. Los Tories retrocedieron inmediatamente. Reconocieron que
el proteccionismo había obstaculizado la modernización agrícola y
admitieron que los subsidios no estabilizaron los precios del maíz.
Viendo que sus opositores estaban desplomándose, Cobden cambió
de nuevo el modo de ataque: acentuar la educación pública para aplicar
más presión en el Parlamento. Esto forzó al Primer Ministro Peel a
ponerse del lado de la Liga, provocando una crisis gubernamental. Fue
obligado a dimitir y su gobierno se derrumbó. La derogación parecía
ahora ser alcanzable. Pero el caos obligó a una reorganización
parlamentaria, reflejando el cambio revolucionario en el equilibrio del
poder que la derogación representaba, pasando de los aristócratas hacia
la clase media urbana. Lucía como que los Proteccionistas habían formado
una coalición de la ultima trinchera para bloquear la derogación, justo
cuando la misma parecía estar asegurada. Los miembros de la Liga
contuvieron su respiración. El Parlamento trató la derogación y la misma
se convirtió en ley. 10
Las Consecuencias de la Derogación
Tras la derogación, Richard Cobden se encontraba consumido
física, mental, y financieramente. Consideró el retirarse
permanentemente de la política. Durante los cinco años previos a la
derogación vio muy a poco a su esposa y niños. “Mi único hijo tiene
cinco años de edad... él no me conoce realmente como su padre, así de
incesantemente he estado yo sobre la marcha.”11
Sin embargo, Cobden sintió la necesidad de continuar. Vio a la
derogación como un comienzo, no un final. Más que prosperidad, traería
la paz al mundo. Pasó los siguientes catorce meses en un viaje de
misionero por Europa, promoviendo los beneficios sociales del comercio
sin barreras.
Escribió: “Los guerreros y los déspotas son generalmente malos
economistas y llevan instintivamente sus ideas de fuerza y de violencia a
la política civil de sus gobiernos. El libre comercio es un principio
que reconoce la importancia suprema de la acción individual.” 12
Varios años más tarde su evangelismo lo condujo al segundo gran
triunfo su carrera política, el Tratado Comercial Anglo-Francés de 1860.
Francia seguía siendo un país proteccionista, pero la gira de Cobden
convirtió a franceses importantes en defensores del libre comercio.
Ellos influenciaron a Napoleón III. Una de tales personas era Michel
Chevalier, un economista político.
Por siglos Inglaterra y Francia habían sido antagonistas
militares, pero en la Guerra de Crimea de 1854-55 fueron aliados. A
través del libre comercio había una oportunidad única de consolidar los
lazos para una paz permanente.
Existieron inicialmente varias reuniones secretas en Londres
entre Chevalier, Cobden, y Gladstone, el Ministerio de Hacienda.
Entonces Cobden, sin estatus oficial, partió sigilosamente para París.
Creía entonces, como siempre, que el libre comercio desharía las
animosidades nacionales mantenidas vivas por los diplomáticos
profesionales y los militares. “Yo no caminaría ahora a través de la
calle solo para aumentar nuestro comercio, por el mero motivo de una
ganancia comercial.... Pero para mejorar las relaciones morales y
políticas de Francia y de Inglaterra, colocándolas en una mayor
interrelación y en una dependencia creciente, caminaría descalzo de
Calais a Paris.” 13
Napoleón se percató de que tenía que convencer a su propio
gobierno sobre las ventajas del libre comercio. Consultó a Cobden acerca
de cómo ir sobre él. Cobden contestó “Le dije, que actuaría exactamente
como lo hice en Inglaterra, lidiando primero con un artículo el cuál
era la clave del sistema entero. En Inglaterra, ese artículo era el
maíz, en Francia, era el hierro; que debía suprimir totalmente y de una
sola vez el gravamen sobre el hierro en lingotes, y dejar solamente un
tributo pequeño, de haberlo, sobre las barras... esto haría mucho más
fácil ocuparse del resto de las industrias, cuyo reclamo general es el
de que no pueden competir con Inglaterra debido al elevado precio del
hierro y del carbón.” 14
Cuando las negociaciones alcanzaron su fase crítica, Cobden
pensó que sería substituido por los diplomáticos profesionales. En
cambio, le fueron concedidos poderes plenipotenciarios y continuó con la
tarea. El acuerdo fue firmado en enero de 1860.
El Legado de Cobden
Cobden murió en abril de 1865. Tenía sesenta años de edad. Su
legado es enorme y así permanece hasta hoy día. Por ochenta y cinco años
el libre comercio reinó como política nacional de Inglaterra,
influyendo sobre los principios comerciales de cada país importante en
el mundo. El idealismo y el sueño apasionado de Richard Cobden pueden
resumirse por su declaración: “Veo en el principio del libre comercio
que el mismo actuará sobre el mundo moral como el principio de la
gravitación en el universo – alineando a los hombres juntos, haciendo a
un lado los antagonismos de raza, y de credos y de lenguas, y uniéndonos
en los lazos de la paz eterna.... Creo que el efecto será el de cambiar
la cara del mundo, para introducir un sistema de gobierno enteramente
distinto al que ahora prevalece. Creo que el deseo y el motivo para los
imperios grandes y poderosos y los ejércitos gigantescos y las grandes
armadas perecerá.... cuando el hombre se vuelva una familia, e
intercambie libremente los frutos de su trabajo con su hermano.” 15
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