08 agosto, 2011

El cuento revolucionario por terminar…

Por René Núñez

Analítica

Son muy buenos cambiando nombres y hablando del pasado y del futuro. Le temen recordar el presente. Muy semánticos. Inmodestos en el hablar y escasos en el obrar. Lo de hoy, lo esquivan, porque muy poco tienen que mostrar. Cuando se lo recuerdan buscan los chivos expiatorios de siempre: el imperio norteamericano, la burguesía, el capitalismo para imputarle toda la responsabilidad de sus desaciertos y fracaso en general.


Su incapacidad para crear, construir, resolver, incluir, dialogar, estimular y propiciar encuentros productivos serios, transparentes y convenientes a los intereses del colectivo, es su característica principal. Prefieren la mediocridad que la inteligencia, la lealtad incondicional que la libertad, el autoritarismo que la alternabilidad democrática.

Los slogans revolucionarios puestos de moda sustituyen las ideas creativas y libres del pensamiento. Por intermedio de ellos esconden mensajes subliminales para despertar resentimientos y rencores entre ciudadanos, alentando siempre la lucha de clases como excusa ideológica.

Con la llegada al poder de los golpistas del 4 de febrero por la vía electoral en 1998, comienza a ponerse en práctica la estrategia de la constituyente para dejar sin efecto la Constitución del 61, e imponer una nueva favorable para la instauración del proyecto autoritario; sin embargo no lo lograron en esa oportunidad por la resistencia mayoritaria de sus primeros aliados.

El comandante no tardó mucho tiempo para insistir con una nueva reforma constitucional, esta vez ordenó al CNE realizar un referendo en la búsqueda de su legitimación; resultado que de nuevo le fue adverso por el rechazo contundente de la mayoría del pueblo. Más adelante, la oposición comete el disparate de no ir a las elecciones parlamentarias, coyuntura que no desperdició desde entonces Miraflores para imponer por parte mediante leyes su adefesio ideológico violando la Constitución por una parte, e irrespetando la voluntad popular expresada con el referendo, por otra.

“Sin querer queriendo” se sigue adelante con la idea de fusionar Venezuela y Cuba en una sola nación (Venecuba), si bien es cierto su progreso ha sido lento, no es menos cierto la cosa va tomando cuerpo cada día.

No es la primera vez que el anfitrión lo ha dicho y lo ha proclamado sin reserva alguna. Y como diría Beto Perdomo “Si lo dice el comandante es verdad, es verdad, es verdad”


Lo triste de esta macabra historia política, es que a esta altura del proceso revolucionario, una casi mitad de los venezolanos dicen sentirse felices por los logros hasta ahora mostrados por la revolución. Están tan convencidos, entre otros, como el ministro de Planificación y el director del INE, que ven por doquier resultados positivos: No hay presos políticos, los que hay son políticos presos por delitos cometidos, hay plena libertad de expresión y opinión, no se han cerrado televisoras ni radios; los periodistas jamás han sido vejados o reprimidos; la economía sigue creciendo y produciendo como nunca, el 80% de los productos que se consumen son hechos en socialismo comunismo venezolano, por tanto, no hay necesidad alguna de gastar divisas; el poder adquisitivo se revaloró 1.700%, los mercados atiborrados de artículos de todo tipo para escoger según el gusto, la calidad y los precios; hoy se cuenta con los mejores sistemas de transporte, avenidas, carreteras, puentes que enlazan el norte con el sur y el este con el oeste del país; el billón de dólares recibidos por renta petrolera se invirtió en su totalidad dentro del país, allí está Guayana un ejemplo de crecimiento industrial donde todas las empresas del Estado presentan balances positivos, con trabajadores contentos y satisfechos por las mejoras salariales y reivindicaciones socio económicas alcanzadas a través de las negociaciones en paz por la dirigencia sindical; con unos accionistas clase “B” de Sidor recibiendo trimestralmente sus excedentes de caja a valores creciente y constante superiores a los recibidos del Consorcio Amazonas; atrás quedaron los recuerdos de las mafias de la cabilla y del aluminio, con una CVG y un ministro del Miban eficiente, honesto, reconocido por la masa laboral; las empresas petroleras igual de productivas, Pdvsa con sus propias inversiones elevó la producción a 5 millones de barriles diarios con una nómina de menos de 40 mil trabajadores; ningún gobierno había construido viviendas dignas y accesibles como el de turno, imponiendo récord mundial al superar la cifra de 4 millones en 3 años; las inversiones nacionales e internacionales se multiplicaron alcanzándose de nuevo el pleno empleo; se redujo el tamaño del gasto público y la ayuda asistencialista del Estado, dedicado a otras responsabilidades mejores y estratégicas como la educación y la salud.

La inclusión social se impuso sobre la exclusión, había ahora seguridad social y jurídica; los índices de delincuencia y de corrupción se redujeron significativamente; se construyeron reformatorios carcelarios dignos, cómodos y modernos; las deudas externa e interna se cancelaron; el PNUD evaluó la gestión pública en positivo incluyéndonos dentro de los primeros 20 países con mejor calidad de vida integral en el mundo, y primero de América Latina.

La revolución bonita de Chávez era ya una realidad y ejemplo para el resto del mundo; desafortunadamente todo esto fue un cuento de mal gusto, pues todo lo contrario; la mayoría del pueblo está harto y ya tomó por adelantado la sabia e inteligente decisión de votar en el 2012 en contra de esta farsa, de esta piadosa mentira, donde los únicos vivos que se aprovecharon de nuestros recursos fueron los gobiernos de: Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, China, Rusia, Bielorrusia, Irán, Libia, Siria, Brasil, las FARC, entre otros, y los boliburgueses que la revolución creó a expensas de los 10 millones de pobres.

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