27 agosto, 2011

EL LIDERAZGO POLÍTICO EN LATINOAMÉRICA

En América Latina la democracia se ha ido consolidando pero aún presenta notorias debilidades.


Hugo Chavez
AIZAR RALDES/AFP/Getty Images

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Cinco jóvenes líderes latinoamericanos se dieron cita el pasado 5 de junio en las instalaciones de Foreign Policy en español (Madrid) en el marco del proyecto de investigación “Liderazgo, Renovación Política y Prácticas Democráticas en América Latina”, que se desarrolla en la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires gracias al financiamiento de Foundation Open Society Institute de Washington.

El objetivo del taller fue promover un debate entre la dirigencia joven para que aporte su mirada sobre la clase política latinoamericana y su impacto en la calidad democrática de los gobiernos. En América Latina la democracia se ha ido consolidando pero aún presenta notorias debilidades. Al iniciarse el período de las transiciones, la preocupación se concentraba en la crisis de la deuda externa, en dar una solución a las violaciones de los derechos humanos y estabilizar los períodos presidenciales sin golpes militares. En la década de los 90 se enfatizaron las reformas económicas y del Estado descuidándose muchas veces las formas democráticas. En este período se agudizaron las denominadas crisis de representación y de partidos políticos. Estos problemas mostraron que la circulación es escasa, el debate ideológico está considerablemente estancado y la élite política tiene un apego creciente por formas poco democráticas como el clientelismo y el populismo. Partiendo de estas premisas, el taller fue una propuesta para deliberar sobre el rol que los dirigentes políticos cumplen en la construcción del estado democrático. Recientemente, la región ha tenido una amplia diversidad de líderes que, sin duda, impactan en la calidad de la democracia por lo tanto una de las preguntas centrales fue analizar cuáles son las condiciones políticas que dan lugar a la aparición de presidentes tan diversos en las Américas.

El argentino Lucas Sebastián Duran (Unión Cívica Radical), la colombiana Jessica Pamela Obando (Partido Liberal Colombiano), la ecuatoriana Adriana Egas (Unión Demócrata Cristiana), el uruguayo Damian Payotti (Frente Amplio) y el venezolano Juan Pablo López (Movimiento “Voluntad Popular”) debatieron durante más de dos horas sobre los liderazgos políticos, el rol de los jóvenes militantes, su capacidad de innovación y su percepción sobre los mecanismos necesarios para modificar las deficiencias de las democracias en la región.

Los participantes son militantes políticos de partidos tradicionales o nuevos. De sus exposiciones en el taller se desprende que, aún cuando las estructuras más tradicionales cierran sus puertas a los jóvenes, éstos forman agrupaciones que les permiten canalizar su participación pública para, gradualmente, renovar la política en la región. Casi todos coincidieron en que existen importantes dificultades en los partidos latinoamericanos para abrirse a los jóvenes y darles un lugar significativo en los procesos de toma de decisión. Asimismo, coincidieron en la necesidad de fortalecer los grupos políticos y promover la formación de los dirigentes como medida central para fortalecer el juego democrático.

El caudillismo y el clientelismo fueron algunas de las prácticas políticas más criticadas. Se enfatizó la necesidad de generar distintas formas de hacer política para evitar que cuando los jóvenes se integran a la esfera pública, terminen actuando como los viejos caudillos. Sin embargo, ellos mismos expresaron que tienden a mantener las estrategias políticas tradicionales y no impulsan la innovación. En realidad, más allá de estructurar un diagnóstico claro y preciso sobre las falencias de los partidos, los participantes expresaron dudas importantes sobre los instrumentos más eficaces para cambiar la situación y armar espacios para la innovación política. Por ejemplo, respecto del rol de las nuevas tecnologías, los jóvenes expusieron que es un tema pendiente en sus movimientos el poder interpretar su mejor utilidad.

El liderazgo personalista fue ampliamente criticado, especialmente por el joven venezolano, que enfatizó la necesidad de contraponer liderazgos colectivos a los unipersonales, puntualizando que “un líder político debe ser, primero, líder social”. De forma similar la mayoría de los expositores criticaron los personalismos y los excesivos presidencialismos de la región.

En cuanto a la relación entre la política y los medios de comunicación varios de los participantes fueron muy críticos y expresaron la necesidad de limitarlos con el fin de preservar la democracia. Otros, sin embargo, los veían como víctimas de los gobiernos y como canales de comunicación necesarios para hacer llegar los mensajes a los ciudadanos y fomentar la participación política. Así, mientras el expositor argentino sostuvo que los medios son capaces de echar presidentes, el joven uruguayo afirmó que los éstos deberían democratizarse con el fin de abrir espacios a radios comunitarias, de las provincias o regiones rurales y otras iniciativas surgidas desde la sociedad civil.

Algunas preguntas quedaron abiertas como, por ejemplo, ¿cuál es el valor utilitario de la democracia? La expositora ecuatoriana afirmó que es necesario re-enseñar a los ciudadanos el valor de la democracia. De acuerdo a su argumento, para una generación que vivió en dictadura, el valor de la democracia es evidente. Por el contrario, para las nuevas generaciones que han vivido en regímenes republicanos, puede ser relevante producir una reflexión inducida acerca del valor de la democracia.

Otra de las preguntas abiertas fue: ¿Cómo impulsar el cambio cultural y lograr que, por ejemplo, el clientelismo sea penalizado por la sociedad? La relación entre los liderazgos caudillistas y clientelistas con la pobreza y la desigualdad fue analizada pero quedó, como pregunta sin respuesta, cómo combatir los dos problemas de manera simultánea. Este es un tema recurrente que lleva a afirmar que debido a la desigualdad del ingreso en la región, el caudillismo y el populismo permanecen como las formas políticas más estables.

El taller fue un ejercicio de reflexión muy importante que posibilitó no solamente escuchar las ideas de los jóvenes sino también analizar los países desde una perspectiva comparada.

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