06 septiembre, 2011

A diez años del 11S-2001

Todos aprendimos ese día que a las organizaciones terroristas no les importa nadie ni nada


Por Mercedes Montero

Recuerdo ese día como si fuera hoy. Debido a una visita al Reino Unido, tuve la oportunidad de contactar telefónicamente a unos amigos que viven en Gales. Mi amiga, quien al responder a mi llamada lo hizo con una voz atribulada me dijo que por favor viera en la TV, lo que estaba sucediendo con las Torres Gemelas de Nueva York. Al encender el televisor, vi a una de las torres envuelta en un humo negro: sin poder creerlo le pregunté si sabía como se había originado el incendio. Me contestó que un avión se había estrellado contra uno de los pisos superiores. No recuerdo cuanto tiempo después se desmoronó la torre, que se fue a tierra después de la segunda.

Para nuestro horror. vimos a un segundo avión estrellándose contra los pisos medios de la segunda torre, unos minutos después la torre se caía como un castillo de naipes, la nube de polvo era muy superior al humo y a las llamas. Supimos que no se trataba de un accidente sino de un ataque terrorista. Dos aviones no se estrellan ante los edificios más altos del mundo y símbolos del poderío norteamericano por casualidad. Sinceramente pensé que se había declarado la Tercera Guerra Mundial, me sentí aprehensiva. Mi amiga y yo no sabíamos que pensar y ciertamente habíamos quedado enmudecidas.

Seguidamente nos enteramos del ataque sufrido por el Pentágono, edificación en la cual funciona el centro de la defensa del país más poderoso del mundo. Temimos entonces que en cualquier momento la Casa Blanca también fuera atacada. Ese día nos dimos cuenta de nuestra vulnerabilidad, si tal ataque había tenido lugar en contra de USA, que podíamos esperar todos los demás. Después de todo y aunque no les guste a muchos, USA es el centro de poder mundial y garantía de su estabilidad.

La gente común no sabía quien había llevado a cabo el atentado, los organismos encargados de llevar a cabo las investigaciones antiterroristas de las grandes potencias, si tenían serias sospechas sobre la gestación de uno o varios atentados de esta naturaleza.

Las imágenes transmitidas por todas las estaciones de TV del mundo eran a cual más impresionantes, montañas de hierros retorcidos, cenizas y polvo cubrían una extensa zona que después sería conocida como “Ground Zero”, en esta habían estado levantadas las Torres Gemelas, las cuales vistas desde abajo no se alcanzaba a mirar el tope, y, los edificios aledaños que aún siendo muy altos resultaban pequeños comparados con las torres.

El centro de poder había sido objeto de una agresión en el mero corazón. Gente cubierta de cenizas deambulaba como zombies, miles de bomberos, policías, soldados armados con toda clase de equipos contra incendio y rescate se dedicarían a salvar vidas, perdiendo sus propias vidas en el intento, cientos nunca regresaron a sus casas y algunos desaparecieron pulverizados por las explosiones habidas resultantes de gases acumulados, llamas fuera de control. Las escenas de heroísmo de tales funcionarios harían que el público con justa razón los considerara héroes.

Nueva York quedaría por un día como una ciudad en suspenso, mucha gente tuvo que regresar a pié a sus casas, las líneas telefónicas se congestionaron, la gente estaba anonadada, lo impensable, lo increíble había tenido lugar en la “Gran manzana”. Se supo que el ataque había sido planificado y llevado a cabo por la organización terrorista Al Qaida, los pilotos de los aviones eran ciudadanos residentes y habían sido formados como pilotos en USA, país en el que también tenían a sus respectivas familias. Se supo que Osama Bin Laden parecía ser el líder de la operación. Después de su muerte en Pakistán se ha dicho que Osama era solo la fachada.

El mundo vio la sesión convocada en el Capitolio por el Presidente Norteamericano George Bush, en el cual los miembros del Congreso, tanto republicanos como demócratas dieron su apoyo irrestricto al Presidente, anteponiendo la defensa y los intereses del país a los partidistas. Los Estados Unidos de Norteamérica declararían estado de emergencia y duelo.

Fueron más de tres mil las víctimas fatales de este ataque, aparte de todos los heridos y los que sufrieron severos traumas psicológicos. Fueron millones de dólares en pérdidas, puestos de trabajo, negocios, oficinas. Se fue al suelo la seguridad en USA, sino también en el mundo entero. Todos aprendimos ese día que a las organizaciones terroristas no les importa nadie ni nada, para sus miembros no existe ni moral, ni principios, su concepto sobre justicia es el de dominación por la fuerza de la sin razón y la violencia.

El 11 de Septiembre 2001, todos la humanidad supo que el mundo había visto la declaración abierta de guerra de la infamia contra el mundo libre, hemos visto como las piezas del tablero político mundial se han reacomodado, se definen unas nuevas alianzas que a primera vista lucen inverosímiles, pero que tienen como explicación el logro de un objetivo común que no es otro que la suplantación de la libertad por la opresión, utilizando el discurso de la contradicción como forma de comunicación y base de su relación.

Para quienes la defensa de nuestros principios es un punto de honor tenemos por delante una larga y contundente lucha para preservar no solo nuestra libertad y democracia, sino también la de aquellos que se empecinan en forma inconsciente en su destrucción, sin aparentemente darse cuenta que la propuesta de los terroristas sería el fin del respeto a los derechos y la justicia.

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