06 septiembre, 2011

La Ilusión de la Seguridad

Los recientes incidentes de violencia en Noruega y Londres nos han hecho sentir un tanto incómodos aquí en casa, ya que muchos creen que a medida que empeora la economía se incrementarán los disturbios y la violencia en las ciudades estadounidenses. Por esto el congreso estadounidense debe ver a la economía como una prioridad y un asunto de seguridad nacional: a menos que y hasta que tengamos nuestras finanzas en orden para fomentar el crecimiento económico, la sociedad continuará deteriorándose.

La lección fundamental que cualquier ciudadano debería aprender de estos incidentes es que el gobierno no puede protegernos. No importa cuántas leyes se aprueben, no importa cuántos policías o agentes federales se pongan en las calles, un individuo o grupo con la suficiente determinación aún puede causar gran daño. Tanto Noruega como Inglaterra tienen estrictas leyes de control de armas, y Londres en particular tiene cámaras de seguridad vigilando casi todas las áreas públicas. Pero las leyes y las cámaras de seguridad son inútiles frente a multitudes infringiendo la ley o ante asesinos de masas enfermos. Sólo los particulares en estas escenas podrían haber prevenido o evitado estas tragedias. Y deberíamos recordar que el robo, incendio y el daño a la propiedad no fueron los únicos actos criminales en Londres –transeúntes inocentes fueron asaltados y asesinados también. En dichas instancias el uso de la fuerza en defensa propia hubiera sido plenamente justificado.

Tal vez lo único bueno que puede salir de eventos tan terribles como estos, es una comprensión reforzada de que nosotros como individuos somos responsables por nuestra seguridad y la de nuestras familias. Esto significa, francamente, que la posesión de herramientas para defendernos y prevenir asaltos criminales hacia nuestras personas u hogares no puede ser prohibida. Es absurdo pensar que la policía o los agentes del gobierno puedan proteger a 310 millones de ciudadanos a toda hora.

Gracias a nuestros medios de comunicación y a muchos funcionarios del gobierno, sin embargo, los ciudadanos han sido condicionados para ver al Estado a como nuestro protector y solución para todos nuestros problemas. Cada vez que ocurre algo terrible, especialmente cuando se convierte en una noticia prominente, la gente por simple automatismo demanda que el gobierno haga algo al respecto. Este impulso casi siempre conduce a malas leyes, a más deuda y a la pérdida de libertades. Todo ello es totalmente opuesto a la realidad natural de autosuficiencia y responsabilidad individual.

¿Realmente queremos vivir en un mundo de controles policiales, cámaras de vigilancia y detectores de metales? ¿Queremos encarcelar a todo individuo perturbado o alienado que fantasea con la violencia? ¿Creemos realmente que el gobierno puede garantizar la seguridad total? ¿O somos capaces de aceptar que la libertad es más importante que la ilusión de la seguridad proporcionada por el Estado?

La libertad no se define por la seguridad. La libertad es definida por la capacidad de los ciudadanos para vivir sin la interferencia del gobierno a menos que usen la fuerza o el fraude contra otros. El gobierno no puede crear un mundo sin riesgos, ni es de nuestro antojo el vivir en tal ficción. Solo una sociedad totalitaria podría pretender la seguridad total como un ideal digno, pues ello requeriría de un control total del Estado sobre las vidas de sus ciudadanos. La libertad tiene sentido sólo si creemos en ella aún cuando ocurran cosas terribles y se clame por un falso manto de seguridad gubernamental.

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