03 noviembre, 2011

Colombia: Petro a la Alcaldía y adiós a la poca seguridad que le queda a Bogotá – por Jaime Restrepo Vásquez


Creo que el voto representa un amplio aval que se le otorga a un candidato: no solo se respalda su trayectoria pública y su programa de gobierno, sino que se aprueban las distintas acciones que ha emprendido a lo largo de su vida.
Basado en las encuestas, los bogotanos están decididos a premiar a un criminal “altruista”, que empuñó las armas y fue líder de un grupo terrorista que financió su peor atrocidad, la toma del Palacio de Justicia, con dineros entregados por Pablo Escobar.


Hay una realidad: para los menores de 30 años, el holocausto del Palacio es un tema aburrido que estudiaron en los libros de historia, y solo está en su retina, aunque distante, la única y exclusiva culpa de los militares en esa catástrofe nacional. Para ellos, el M-19 era un grupo de guerrilleros románticos que, a juzgar por la sesgada historia del candidato del “amor”, recogían ofrendas y dictaban cursos de modistería para los más pobres.
Para esos ciudadanos, Pablo Escobar —el financiador de las atrocidades del M-19— es un tipo que cometió algunas faltas, pero debe ser respetable si su imagen se imprime en camisetas y se vende junto a las del Che Guevara.
Es más: mencionarles a José Raquel Mercado resulta ridículo: ¿quién es ese? ¿Conocen algo de Nicolás Escobar Soto? Tampoco les suena ese ciudadano secuestrado y asesinado por el “glorioso” grupo de criminales “altruistas” que el candidato del “amor” dirigió durante varios años.
Escobar Soto, presidente de la petrolera Texas, fue secuestrado e internado en una “cárcel del pueblo”. El M-19 excavó una cueva de cuatro o cinco metros de profundidad para mantener a su víctima y al sitio solo se accedía por un agujero vertical. Cuando se intentó el rescate de Escobar Soto, el terrorista que lo custodiaba lo asesinó.  Dice el reporte que “el testimonio de quienes vieron el cadáver fue desgarrador: encerrado en una húmeda cueva durante semanas, su cuerpo estaba cubierto de hongos y tenía el aspecto de una víctima de Auschwitz”.
¿Y de las propuestas de Petro, qué?
Unos cuantos dirán que el pasado no importa, que haber sido condenado y la pertenencia a la cúpula de una organización terrorista no es delito —aquí lo dijo algún simpatizante de Petro— y que es un tipo tan inteligente y con tan buenas intenciones higiénicas —se supone que quiere ser el alcalde-escobita, aunque en Risaralda si es aceptable y útil para los Progresistas, liderados por Petro, aliarse con los hermanos del Polo— que vale la pena hacerse el desentendido.
Se supondría entonces que al mirar para otro lado, podrían detallar las propuestas de Gustavo Petro. Por ejemplo, no hay un programa más peligroso para la seguridad de los bogotanos que el presentado por el candidato de los Progres. El segmento, denominado Seguridad Humana, comienza con una justificación para el delito:” Ya no se trata del raponero del pasado que robaba para comer”.
Es curioso que Petro descarte de plano, una de las banderas “altruistas” de la izquierda colombiana: el hambre como motivación para ejecutar un acto delincuencial. ¿Por qué ya no se trata de esos colombianos desesperados? ¿Es que ya no existen? ¿O será que en realidad, el raponero —en general— siempre ha sido el principiante en la delincuencia organizada, que es toda una profesión?
Los niños no tienen la culpa
Posteriormente, Petro hace lo mismo que los malos padres: justifica a los niños delincuentes, adjudicándoles la culpa de sus desmanes a mafias poderosas que los obligan o los tientan a delinquir: “Parte de nuestros niños y jóvenes son reclutados por mafias poderosas, redes del crimen organizado que amasan fortunas en el mercado ilegal de drogas, la prostitución, el lavado de dólares, el contrabando, la venta de armas, la venta de la piratería, juegos y casinos.”
Uno de los problemas de seguridad que el Estado no ha podido resolver, por las constantes excusas a favor de los menores infractores, tiene que ver precisamente con la activa participación de niños en actos criminales. El justificar a un joven de 16 años, solo por ser tentado con dinero para comprarse unas zapatillas de marca, o por ser débil y dejarse arrastrar dócilmente al mundo del crimen; simplemente agrava esta problemática en Bogotá. ¿Si esos niños de 16 años son tan dóciles, por qué no pueden ser controlados por sus padres?
Como ha ocurrido en varias partes del mundo, la debilidad legal frente a los menores delincuentes se convierte en una poderosa motivación para seguir cometiendo sus fechorías. Petro hace mutis por el foro y no va a lo grueso del asunto. Es más, ni siquiera lo contempla: debe fortalecerse la legislación penal contra los menores infractores y no excusarlos en las mafias que controlan a Bogotá. En este sentido, la ciudad cuenta con una herramienta excepcional, el Código de Policía, que puede incluir elementos adicionales para combatir el flagelo social de los delincuentes juveniles.
En síntesis, frente al grave problema de los menores criminales, Petro propone no hacer nada, porque esos niños sicarios, asesinos o atracadores, que una vez han obtenido el botín agreden a sus víctimas, no tienen la culpa de nada.
Petro contra la Policía
En sus propuestas, Petro señala que, “como hay corrupción policial en barrios y calles, abriremos una oficina en el despacho del alcalde para que cualquier ciudadano pueda poner denuncias sobre corrupción policial sin dar la identidad, y el alcalde deberá tramitarlas.”
¡Bienvenidos al festín de los delincuentes! Cuando una unidad de la Policía es efectiva en el combate contra la criminalidad, los malhechores pagan información y seguimientos para establecer los turnos en los que trabajará dicha unidad. Sin embargo, si la cosa no les funciona, comienzan las amenazas o ya en el colmo de la desesperación, proceden a tender una trampa, compran testigos y así sacan a los policías de circulación.
Lo que está proponiendo Petro es un atajo para los delincuentes, quienes neutralizarán a la Policía con informaciones falsas y anónimas ante su despacho, para dejarlos en las estaciones y ellos apoderarse de los territorios para delinquir a sus anchas.
De paso, esta propuesta afecta la institucionalidad de la ciudad: ¿para qué están la Personería o la Procuraduría? Pareciera que Petro no confía en estas entidades para vigilar la función policial, pero la realidad es otra: el candidato del “amor” quiere reducir el pie de fuerza, basado en informes anónimos, muchos de ellos procedentes de la delincuencia capitalina, para generar en la población un sentimiento de zozobra e indefensión ante el acuartelamiento de los policías investigados, lo que permitirá la inoculación de la guardia ciudadana, una propuesta de Petro para conformar un grupo de noventa mil efectivos, muy al estilo de su mentor Hugo Chávez.
El candidato Progre matizó esta propuesta con la teórica vinculación de los vigilantes privados, pero esa buena intención ya es de vieja data, y sus resultados nunca son los esperados: al celador le pagan por cuidar el edificio y la ley señala que si observa una acción delictiva en las afueras del sitio custodiado, lo único que puede hacer es dar aviso a las autoridades (Decreto 356 de 1994, Art. 74, numerales 10,18). Entonces, si la ley prohíbe la actuación de los guardas de seguridad, ¿quiénes conformarán ese grupo? ¿Quién lo controlará?
¿Inteligencia política?
En su segundo objetivo, Petro dice que organizará un grupo muy tecnificado y preparado de inteligencia policial que le reportará directamente… ¿Y entonces qué son SIJIN y la SIPOL, sino grupos altamente preparados en inteligencia contra las diferentes modalidades del delito? ¿Acaso esas seccionales de la Policía no existen desde hace muchos años?
En este punto, Petro quiere asegurarse la información de inteligencia para su uso político-estratégico, como lo hizo en el pasado a través del general Luis Alberto Gómez Heredia, quien siendo director de la DIPOL –Dirección de Inteligencia de la Policía-, le suministró el servicio de contrainteligencia contra los oficiales del Ejército que habían logrado infiltrarse en la Red Urbana Antonio Nariño de las FARC.
Una vez tuvo la información en sus manos, Petro citó a los oficiales a debate, hizo que transmitieran sus rostros por varias horas, y no les formuló ni una sola pregunta. El resultado: delató a dos oficiales de inteligencia que venían adelantando un excelente trabajo contra las FARC en Bogotá.
Puede que el pasado no afecte la intención de voto, que el espíritu perdonador de aquellos que no vivieron los amargos tiempos del accionar del M-19 sea suficiente para dejar atrás esas “pequeñeces”. Sin embargo, tampoco me hago ilusiones con el tema programático: dentro de cuatro años, los simpatizantes de Petro que sobrevivan a la escalada delictiva en la ciudad, renegarán de él como lo han hecho ahora de Samuel Moreno y serán tan caraduras que estarán acompañando al aspirante continuista de la camarilla de la izquierda “democrática” colombiana.
AL CIERRE: Mi voto por Samuel Ángel al Concejo de Bogotá, U-20 en el tarjetón: un hombre decente, trabajador más que incansable y con excelentes ideas. En Teusaquillo, mi decisión es respaldar a Patricia Camargo Becerra, CR-86, una líder de la comunidad cuyas ejecutorias y resultados se pueden comprobar en la zona de Ciudad Salitre.

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