11 julio, 2012

ARGENTINA 2015


Los complejos próximos tres años del escenario político argentino.


AFP/Getty Images

El año pasado Cristina Fernández de Kirchner obtuvo una extraordinaria victoria. El 54% de los votos y una diferencia de 18 puntos con su más inmediato perseguidor hablan de un acontecimiento inédito en la historia del país suramericano. El poder político de la Presidenta es, en estos momentos, casi absoluto y totalmente legítimo. Pero en política, y sobre todo en la inestable Argentina, una cosa es la foto y otra muy diferente la película. En los pocos meses que transcurrieron desde octubre de 2011 hasta nuestros días muchas cosas sucedieron. Los acontecimientos más mediáticos fueron la tragedia de Once, la nacionalización de YPF y la virtual prohibición de compra de moneda extranjera. Aunque parezca extraño, ninguno de estos aspectos es un factor central para analizar el escenario político nacional. El quid de la cuestión es el crecimiento económico y la inflación, es decir, el bolsillo de los argentinos.

Si hacemos un poco de Historia K, advertiremos que el 2009 fue el año más complejo para la gestión presidencial. Por ese entonces, Cristina Fernández de Kirchner se hallaba en una pelea a todo o nada con el campo y la Argentina sufría los coletazos de la crisis económica internacional. Mirando los números (tanto de las estadísticas oficiales como de las consultoras privadas) podríamos observar que justamente 2009 fue el único año desde la llegada al poder de los Kirchner en 2003 en el cual la economía argentina no registró crecimiento. ¡Casualidad! La de 2009 fue también la única elección que el Frente para la Victoria perdió desde 2003 hasta la fecha. ¿Existe una relación directa entre bonanza económica e imagen política positiva? Me atrevería a decir que sí. Este y todos los gobiernos desde 1916 lo saben. No es casualidad que, en cualquier acto de gobierno que esté frente a un micrófono, Cristina haga un recuento numérico de los milagros (o supuestos milagros) económicos de su gestión como una forma de refrescar constantemente la memoria de la ciudadanía.
Por múltiples motivos, algunos vinculados a errores de gestión y otros a la coyuntura internacional, la economía argentina se desacelerará o entrará en recesión a fines de 2012 o inicios de 2013. Esto es en alguna forma reconocido tácitamente por el propio Gobierno: Cristina ha dicho recientemente "El mundo se cayó sobre nosotros", como una forma de empezar a atajarse de las posibles consecuencias políticas de la destructibilidad del supuestamente indestructible modelo.
Lo más relevante de 2013 no es que la economía probablemente no crezca, sino que mientras esto sucede los argentinos estarán acudiendo a las urnas para elegir a sus representantes en el Congreso. La ecuación es simple y no es necesario ser un genio matemático para resolverla: recesión + elecciones legislativas = derrota electoral del oficialismo. Si esto sucedió en 1987, 1997, 2001 y 2009, ¿por qué no habría de suceder ahora?
Vayamos un poco más adelante e intentemos imaginar el escenario postelectoral. El Frente para la Victoria pierde pero nadie gana. Como consecuencia de la división de la oposición y al tratarse de una elección legislativa, podría suceder que el voto sea tan fragmentado que ningún partido alcance un caudal electoral lo suficientemente grande para transformarse en una alternativa nacional. Es decir, el resultado sería un gobierno derrotado por la nada, y la nada no puede ser una opción presidencial para 2015.
Se necesitará mucho trabajo y una renovada astucia para que en los próximos tres años un sector no kirchnerista y, sobre todo, no peronista se transforme en una opción real a la presidencia
Los proyectos, nunca sabremos si son en serio o en broma, de reformar la Constitución para permitir una Cristina eterna serían inviables después de una teórica derrota electoral kirchnerista en 2013. Es decir que Cristina deberá mudarse, probablemente en avión privado, de la mansión prestada de Olivos a su mansión propia de El Calafate.
¿Quién ocupará el vacío de poder dejado por doce años de firme liderazgo personalistakirchnerista? ¿Quién será el heredero del proyecto?
Es posible plantear tres posibles escenarios. Podría suceder que, ante el hecho consumado de la imposibilidad de cristalizar un tercer mandato, Cristina Fernández de Kirchner busque de entre sus filas algún candidato del riñón K. Con esto me refiero a un individuo que entrañe la visión de buenos y malos en política, el discurso populista, el estilo confortativo y la visión del mundo como una amenaza que caracterizaron a Néstor y Cristina, dándose así una continuidad absoluta al modelo. Este escenario es el de más difícil materialización, ya que significaría un kirchnerismo puro sin Kirchner. Hasta ahora, en el contexto político local, no se observa ningún cuadro que tenga la capacidad de conducir un proyecto nacional, arrastrar el voto popular y, al mismo tiempo, encarnar la escénica política K.
Ante la imposibilidad de dar con una persona de estas características, podríamos comenzar a imaginar un escenario número dos. La Presidenta se vería obligada (aunque no le guste) a elegir como su sucesor a Daniel Scioli, quien técnicamente es parte del partido gobernante, pero es fuertemente cuestionado por múltiples sectores del kirchnerismo más radical. Efectivamente Scioli, si bien acompaña a Cristina Fernández desde 2003, tiene un perfil absolutamente diferente, es más moderado y no es de cultura kirchnerista. El actual gobernador tiene una alta imagen positiva y ya manifestó públicamente sus intenciones de ser presidente en el futuro. De suceder esto, podría ser que formalmente el kirchnerismo continúe en el poder después de 2015, pero en la práctica el nuevo gobierno sería de características absolutamente diferentes: más moderado, integrado al mundo y amigable al capital internacional. En otras palabras, un gobierno del siglo XXI y no de la década de 1970.
También podría darse una mezcla de los escenarios uno y dos. Es decir, que la Presidenta busque la continuidad del modelo con un hombre de su mayor cercanía ideológica y que Daniel Scioli presente su candidatura con el apoyo de sectores peronistas y sindicales que, de hecho, ya están enfrentados con el Gobierno, generándose así una fractura dentro del Frente para la Victoria. Se llegaría así a un complejo proceso electoral de peronistas contra peronistas, situación similar a las presidenciales de 2003.
El escenario opositor es mucho más impredecible. La UCR, el PRO y otros partidos no consiguen por sí solos recoger un caudal de votos trascendental y en casos no cuentan con una estructura organizativa suficiente para transformarse en una alternativa nacional. En diversas oportunidades, sobre todo a nivel parlamentario, han demostrado su incapacidad de construir alianzas y se pierden en debates sobre cuestiones irrelevantes, intrascendentes y de escaso interés para la ciudadanía. Se necesitará mucho trabajo y una renovada astucia para que en los próximos tres años un sector no kirchnerista y, sobre todo, no peronista se transforme en una opción real a la presidencia.
De todas formas, la política argentina es excesivamente volátil e inestable, por lo que todos los escenarios expuestos hasta aquí no son más que conjeturas teóricas que intentan predecir un impredecible futuro.

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