02 octubre, 2012

España: El drama de los Presupuestos de 2013

España: El drama de los Presupuestos de 2013

Presupuestos 2013Por Alvaro Vargas Llosa
El problema con los Presupuestos Generales del Estado para 2013 no es tanto lo que se ha apuntado en estos días –que prevén una disminución demasiado optimista del PIB y que confirman lo inevitable del rescate europeo— sino que apenas rozan el problema central: un Estado que la sociedad no puede financiar. El Gobierno, algunos de cuyos ministros tienen un conocimiento profundo de la raíz de la crisis, siente que no pueden hacer otra cosa o porque Europa exige algo parecido a estos presupuestos o porque carecen de la fuerza política para modificar a fondo el modelo español.
Para entender por qué unos presupuestos que ponen en los ciudadanos el 42 por ciento de la carga del ajuste resultan apenas tangenciales al problema de fondo, conviene echar un vistazo muy rápido a algo que suena complicado pero es sencillo: la balanza de pagos. Si se revisa las de los últimos diez años, se verá que, habiendo gastado las empresas y las familias más de lo que producían, la financiación privada extranjera fue la que pagó el consumo y el ladrillo de España. 

Desde 2007, cuando estalló la crisis, las empresas y las familias han venido gastado menos, por tanto la necesidad de crédito exterior se ha ido acortando. Pero no se acortó tan rápido como debería.
En vista de que las cosas no se arreglaban, en la segunda mitad de 2011 empezó a ocurrir algo que ustedes habrán leído en los diarios: una fuga de capitales incesante. Los extranjeros desinvertían y los españoles sacaban su dinero. Ya no había cómo financiar la brecha con dinero exterior privado. Empezó entonces a financiarla el Estado español, endeudándose en Europa. Había algo de justicia poética en ello: la sociedad se había dedicado al consumo antes que a la producción en buena parte porque los incentivos del modelo de Estado del Bienestar conducían a eso, de modo que no resulta raro que al final fuese el propio Estado quien acabara endeudándose para cerrar la brecha.
Mientras que a lo largo de 2011 el endeudamiento del Estado para cerrar el agujero exterior sumó 109 mil millones de euros, sólo en los primeros seis meses de este año ha sumado casi 256 mil millones. Y así va la cosa.
Hay sólo una forma de resolver el problema de fondo: reformar el Estado del Bienestar. Y eso se empieza a hacer con ajustes que golpeen mucho menos a la sociedad y mucho más al Estado. La sociedad ya está –lentamente— haciendo su parte al gastar menos y reducir su deuda. El que no está haciendo la suya es el Estado. Si bien los presupuestos de 2013 hablan de un ajuste que recae en las Administraciones públicas en un 58 por ciento, lo cierto es que los recortes no rozan siquiera las partidas realmente importantes ni adelgazan sustancialmente la burocracia en sus varios niveles. De allí que 42 por ciento del ajuste deba reacer en los ciudadanos, con esas subidas de impuestos que evidentemente no salen del magín de un Gobierno que no cree en ellas, sino de Europa, que, como lo muestra la balanza de pagos, es hoy la que sostiene a España.
Nunca hubo una ocasión más urgente y propicia para reformar un Estado del Bienestar que es inviable en su actual estructura y opera un efecto perverso en la sociedad mediante incentivos que desalientan la acumulación de capital. Pero el Gobierno ha decidido que no puede hacerlo. El resultado son estos presupuestos.
El verdadero drama no son las imágenes de la protesta social que han dado la vuelta al mundo, sino que el Gobierno está pagando el precio de una reforma que la calle cree equivocadamente que está haciendo sin obtener el beneficio de una reforma que en verdad no está realizando.

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