29 marzo, 2013

Opinión: El verdadero jesuita – por Ricardo Valenzuela


La publicación de mi escrito; “Francisco ¿Papa Reformador?” fue detonante suficiente para darme cuenta de que en la iglesia católica también cabalgan talibanes. Expresar que Jesucristo fue el primer libertario de la historia y exponer mi inquietud de que el nuevo Papa sea Jesuita, me ha valido feroces ataques que ni en tiempos de la sagrada inquisición se hubieran presentado.
Yo no arremetí contra el Papa, simplemente expuse preocupaciones de algunos pensadores argentinos, que lo conocen, en relación a su visión de los mercados libres y su cruzada por la redistribución de la riqueza. Era lo que uno de los economistas más prestigiados del mundo, Alberto Benegas Lynch, había publicado analizando la visión económica de, en aquel tiempo, el Arzobispo de Buenos Aires.


Expuse mi inquietud de que fuera jesuita, mas no lo sumé a los jesuitas guerrilleros que cabalgan en América Latina. Ahora, el católico que no esté enterado de la participación de los jesuitas en los movimientos guerrilleros de nuestra región, está desinformado. Pero también afirmaba que el nuevo Papa ha sido un feroz crítico de esa venenosa Teología de la Liberación y, en especial, del horroroso paso de los Kirchner por la Argentina.
Describo a Jesucristo como el primer libertario de la historia y me sostengo. Jesús fue sacrificado por un estado teocrático al haber expuesto su hipocresía y resistirse a sus leyes blasfemas. Él no estableció leyes opresoras ni burocracias hambrientas para cumplir sus mandatos. Le dio al hombre el libre albedrio para lograr o no su salvación. Pero este tema será capítulo especial.
Ahora, con la polvareda despejada y después de haber leído un excelente artículo de mi amigo, Alex Chafuen, titulado; “Justicia Social y el Papa Francisco. Decidiendo entre Libertad y Servidumbre,” para mí las cosas están más claras y mis inquietudes empiezan a desaparecer. Alex no sólo es argentino, es un gran intelectual y católico ferviente.
Empiezo a conciliar a Francisco con Juan Pablo II quien en su encíclica Centesimus Annus, afirmara: “Cuando la ambición del hombre es violentamente suprimida, se remplaza con un aparato burocrático que marchita el manantial de la iniciativa. Cuando la gente piensa poseer el secreto para una organización social perfecta, piensan pueden usar los medios necesarios, incluidos violencia y engaño, para lograr su propósito. La política entonces se convierte en religión secular que opera bajo la ilusión de crear un paraíso en la tierra. Pero ninguna sociedad política—aun con su autonomía y sus leyes—puede jamás confundirse con el reino de Dios.”
Juan Pablo II hacía una advertencia: “El resolver los graves problemas del mundo, no es sólo cuestión de producción u organización judicial o social. Se requiere valores y cambios de mentalidad, conductas y estructuras. Se requieren reformas radicales en instituciones como la media, el cinema, universidades, escuelas, la familia, para que la democracia y capitalismo alcancen su potencial.”
Se me ataca por definirme como liberal.
¿Eres liberal? Pregunta mi admirado amigo Giancarlo Ibargüen y prosigue:
“Si crees en la libertad individual, en tu derecho a decidir por ti mismo lo que es mejor para ti, actuar conforme a tus convicciones, siempre y cuando respetes los iguales derechos de los demás…
“Si crees que cada persona es dueña de sí misma y tiene derecho a poseer propiedad privada, adquirida con su trabajo intelectual o manual, o recibida de otro en herencia o como regalo…
“Si crees que la responsabilidad es siempre personal, que eres responsable de lo que haces y de las consecuencias de tus acciones, que debes respetar las opiniones, actitudes y prácticas –aunque sean diferentes de las tuyas– de personas pacíficas y honestas, y ser tolerante excepto con la intolerancia… sí lo eres.”
El liberalismo es la visión dedicada a encontrar fórmulas para el progreso material del hombre. Busca provocar el bienestar exterior consciente de que esas necesidades interiores no se satisfacen sin la reforma y cooperación de las instituciones que citaba Juan Pablo II. No puede evitar que hombres con el corazón corrupto arriben al mercado, pero el “verdadero liberalismo“ los elimina, el neoliberalismo los cobija.
El capitalismo democrático no es sólo un sistema de empresa libre. No se puede divorciar de la cultura que nutre los valores y virtudes de los cuales depende su existencia. La sabiduría que debe envolver al sistema político con el sistema cultural—moral, tiene un profundo efecto en la operación del aparato económico.
En América Latina portamos terribles confusiones ideológicas y semánticas hirviendo en un explosivo y venenoso potaje. Confunden Liberalismo con Neoliberalismo, identifican justicia social con expropiación y redistribución de la riqueza. Se promueve la pobreza como virtud. Unos odian a los ricos y otros desprecian a los pobres.
Pero ante tanta confusión surgen algunos rayos de luz. La historia nos señala que, lejos de nuestra miope visión, los jesuitas fueron pioneros en la lucha por la libertad económica. La Escuela de Salamanca, en gran parte conformada por jesuitas, inició esa cruzada durante el siglo 16. De ella surgirían grandes libertarios como Luis de Molina y el más libertario de todos, Juan de Mariana.
Alex Chafuen hace una brillante exposición de lo que debería de entenderse como justicia social, y difiere radicalmente de lo manejado por los clásicos demagogos latinoamericanos estilo Perón, Echeverría y Hugo Chávez, que han llevado a nuestros países el abismo. El concepto original no era tomar del rico para darle al pobre. El creador del concepto fue el jesuita, Luigi Taparelli, quien era crítico de las políticas redistributivas que limitan la propiedad privada en nombre de la compulsiva benevolencia.
Juan de Mariana argumentaba que el concepto de igualdad ante la ley requiere de cierta desigualdad, es justo que los más productivos tengan mejores recompensas. Pero mi mayor sorpresa fue enterarme que de Mariana fue el gran inspirador de Thomas Jefferson y James Madison, esos libertarios considerados como los padres de los EU que coleccionaban sus escritos.
El ala jesuita a la que pertenece el Papa Francisco, piensa que la justicia social nada tiene que ver con redistribución que hace el gobierno, reconoce que algunas inequidades no son injustas y entran en el plan de Dios. Pero hay otras inequidades producto del pecado a base de instituciones que las promueven y protegen.
Afirma Alex que el Papa Francisco tiene la oportunidad de renovar la vieja tradición de justicia social, cambiando el esfuerzo de redistribución hacia la construcción de un esquema de una sociedad más eficiente, respetando la propiedad privada, con monedas saludables, combatiendo el capitalismo crony, proteccionismo y otras causas de injustas inequidades que afectan a los pobres. Ese es el camino hacia la liberación y una verdadera sociedad más

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