01 abril, 2013

Tragedia argentina

Tragedia argentina

Por Guillermo Arosemena Arosemena
Días atrás, Sebastian Edwards, distinguido economista chileno, actualmente profesor de la Universidad de California, publicó en el diario La Tercera, que es uno de los de mayor circulación en Chile, un artículo cuyo título he usado. Comienza su escrito afirmando una gran verdad, no exclusiva de Argentina, pues en cierto grado se ha dado en la mayoría de los países de nuestra región: "La tragedia argentina siempre ha sido que el todo sea menos que la suma de las partes; que tanta gente civilizada sea gobernada por tanto político bárbaro". La diferencia es que Argentina tuvo seguramente la mayor cantidad de migrantes europeos y fue la más favorecida por la inversión extranjera.
En las primeras décadas del siglo XX formaba parte del Primer Mundo. Edwards comenta que los chilenos envidiaban a su país vecino, pero agrega: "En los últimos 15 a 20 años las cosas han cambiado profundamente. El complejo de inferioridad de antaño ha dado paso a una actitud de superioridad, y a un desdén que, sin ser estridente, es palpable. Para la mayoría de los chilenos, Argentina ya no genera ni admiración ni envidia. Yo diría que el sentimiento mayoritario hacia la transandina república es de pena. Esa lástima o compasión que uno siente por los tíos viejos que alguna vez fueron exitosos y encantadores, pero que con el paso de los años se han transformado en seres roñosos y un poco patéticos. Prácticamente todos los días del año la prensa chilena da cuenta de un nuevo ranking que demuestra que Chile está por encima de Argentina".
Para buscar la explicación del fracaso del uno y éxito del otro, nuestros políticos deben leer "Riqueza y pobreza de naciones", de David Landes, y "Por qué fracasan las naciones", de Daron Acemoglu y James Robinson.
Argentina no ha respetado la institucionalidad, Chile sí; el primer país ha sido muy mal manejado en lo político, económico, fiscal y resto de áreas; el segundo es muy bien administrado. En el primero, la demagogia se da desde los días de Perón, hace más de medio siglo; en el segundo, los presidentes son verdaderos estadistas, hay continuidad en todas las políticas públicas.

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