13 agosto, 2011

$3.3 billones se han esfumado desde el 29 de abril de 2011


Desde que el S&P 500 alcanzó su máximo del año 2011 –del 29 de abril al 10 de agosto de 2011— 3.3 billones de dólares invertidos en el mercado de valores de Estados Unidos se han esfumado. El valor de las acciones americanas en propiedad se redujo de $16.82 billones a $13.57 billones – todo un 19.3%. Eso es más que el PIB –el valor de todo lo que produce un país en bienes y servicios— en 2010 de Canadá ($1.3 billones), el Reino Unido ($2.2 billones) o Alemania ($3.1 billones).

Aunque no podremos saber con precisión durante algún tiempo lo que provocó este descenso en el valor desde el máximo alcanzado el 29 de abril, lo que sabemos es que el rápido crecimiento de la deuda pública en los últimos años jugó un papel central. Las economías europeas comparten este fallo con Estados Unidos. Sus mercados de valores pierden fuelle a diario como el nuestro con cada nueva crisis de deuda en Grecia, Italia, o algún otro país europeo miembro de la Unión Europea. Al igual que nosotros, sobrepasaron sus posibilidades y ahora están en condiciones financieras terribles. Un país solo puede gastar más de lo que se necesita por un determinado tiempo. Es por eso que las agencias de calificación han puesto al gobierno de Estados Unidos en alerta desde el 18 de abril 2011, días antes de que el mercado comenzara a caer. Muchos lo vieron como el Día del Juicio Final en camino.

Cuando Standard & Poor’s rebajó la calificación crediticia de la deuda soberana del gobierno de Estados Unidos el 5 de agosto después de que cerraran las bolsas, los mercados capitularon el lunes siguiente cuando finalmente todos los inversores se dieron cuenta de la realidad de nuestra insensatez fiscal . Necesitaron de que una agencia de calificación se los pusiera en blanco y negro para que tomaran medidas. Si el gobierno no estuviera sobrecargado de deuda y gasto deficitario, y si no se entrometiera constantemente en áreas que no le corresponden, el mercado de valores estaría por las nubes en estos momentos. La lista de malas políticas gubernamentales que perjudican a las empresas es larguísima. Por ejemplo, el impuesto sobre sociedades del 35%, la carísima regulación de la ley Sarbanes-Oxley y de los locos por el poder en la Agencia de Protección Ambiental (EPA).

Imagínese lo que los mercados harían si no estuvieran abrumados por la amenaza del gobierno malogrando sus oportunidades empresariales y acudiendo a los contribuyentes y empresas de Estados Unidos por rescates financieros. E imagínese si las empresas pudieran invertir en su futuro sin tantas interferencias del Estado Niñera.

Es hora de que el gobierno afronte las consecuencias. “Los mercados suben y bajan, pero esto es Estados Unidos de América”, dijo el presidente Obama mientras el Dow Jones se desplomaba 634 puntos el 7 de agosto, pero eso no es consuelo para los millones de americanos que ven cómo sus cuentas de inversión se han hundido un 19.3%.

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