26 agosto, 2011

Argentina: Un resultado predecible – por Marcos Aguinis

Las elecciones primarias del domingo eran predecibles, no fueron tan excepcionales como se está repitiendo. Sucede que durante el hervor de la competencia política, es más intensa la emoción que la lógica. Es débil la objetividad.

Aunque se insistía en las falencias de la oposición, no se tuvo en cuenta que eran demasiado importantes. Desde el año 2003, cuando resultó imposible que se uniesen Lilita Carrió y Ricardo López Murphy, la sociedad está cansada de políticos que tienen virtudes y no pueden vencer sus defectos. Esa simple alianza hubiera salvado al país de la era kirchnerista y habría aprovechado el viento de cola para elevarnos hacia un desarrollo genuino, equivalente al que protagonizan ahora Chile, Colombia, Perú, Brasil. Hubiera sido infinitamente menor la corrupción y la anomia. No habría crecido el narcotráfico ni se habrían volcado cataratas de beneficios sobre la élite oficialista.

En las siguientes elecciones volvió a presentarse la renuencia a formar coaliciones. Hubo alianzas en 2008 que se rompieron en 2010 para formar otras, menos creíbles. No se trabajó para establecer una alternativa superadora, que diese confianza. Cada uno de los candidatos mostró sus cualidades, algunos tenían experiencia de gestión y otros de honradez, pero constituían un catálogo demasiado confuso. La mitad del país los votó, es cierto. Pero con preferencias que n o definieron el comando del 23 de octubre. Porque ésa no era tarea de los ciudadanos, sino de los políticos. Se repite que en el Congreso casi todas las agrupaciones opositoras coinciden. ¿Por qué no pudieron coincidir y presentarse unidos? ¿Aprenderán ahora, tras la paliza, que deben dejar atrás diferencias menores? ¿Aprenderán que deben llamar a los más capaces para diseñar un programa que saque a la Argentina de la peligrosa bomba que late bajo nuestros pies? Por otro lado, suele decirse con razón que “un Gobierno con plata no pierde elecciones”. En este caso debe sumarse la cualidad actoral de la Presidenta, que goza de gran elocuencia y seducción. Su voz fue trasmitida por la cadena nacional en toda oportunidad que se le ocurriese, aunque no hubiera justificación para ello. Esta propaganda ha sido perforante. Además, consiguió hacer olvidar a la ciudadanía que en una democracia la cabeza del Poder Ejecutivo debe aceptar reportajes y contestar. No sólo hacer de maestra que enseña, ironiza, descalifica. Y cuando la estrategia política aconseja, felicitar, agradecer y asegurar que no gobierna para sí y unos pocos más, sino para todos… y todas.

También jugó un papel en el resultado la garúa de subsidios. Y la lluvia de promesas. Y la poca valoración que ahora existe por la honestidad y la visión a largo plazo.

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