03 agosto, 2011

El principio del ajuste de cuentas contra el derrocado Hosni Mubarak

El ex presidente Hosni Mubarak, en una camilla y detrás de las rejas durante el juicio. | Afp

El ex presidente Hosni Mubarak, en una camilla y detrás de las rejas durante el juicio. | Afp

Mubarak, en la jaula del tribunal. | Af
  • El juez del caso ha aplazado el juicio contra el ex dictador y sus hijos hasta el próximo 15 de agosto
  • Mientras espera que se reanuda la sesión, el 'viejo faraón' permanecerá en un hospital
  • No regresará a la ciudad de Sharm el Sheij, donde estaba hospitalizado desde el pasado abril
  • Se enfrenta a acusaciones de corrupción y asesinato premeditado de manifestantes
  • Su defensa ha anunciado que solicitará la presencia de más de 1.000 testigos

Francisco Carrión | El Cairo

La transición cambia de revoluciones y la primavera da frutos tempranos en pleno estío. Observar al último faraón enjaulado es una fotosíntesis tan simbólica como terapéutica para las decenas de familias de los mártires de la revolución que se han congregado este miércoles a las puertas de la academia de policía donde se juzga al derrocado Hosni Mubarak.

Cuando todos especulaban acerca de su más que probable ausencia, él apareció en la escena. La televisión estatal egipcia, que rindió culto a su persona durante tres décadas, promocionó el inicio de la causa judicial como si se tratara de una de esos culebrones que dominan la parrilla del Ramadán.

Pasadas las dos de la tarde y tras un breve receso, el juez Ahmed Refaat ha anunciado el aplazamiento del juicio contra Hosni Mubarak y sus hijos Alaa y Gamal hasta el próximo 15 de agosto. Entretanto, el proceso judicial contra el ex ministro del Interior, Habib al Adli, y seis colaboradores continuará mañana jueves. Desgajar el juicio de Al Adli y el 'rais' era una petición de Farid el Dib, el abogado que defiende a Mubarak. En su opinión, mantener ambos procesos al unísono era ilegal.

Mientras aguarda la sesión programada para mitad de mes, el presidente derrocado permanecerá en un hospital sito en la carretera que une El Cairo con la ciudad de Ismailia, en el Canal de Suez. Mubarak no regresará a la ciudad turística de Sharm el Sheij, donde estaba hospitalizado desde el pasado abril.

La de separar el juicio no ha sido la única demanda que se ha escuchado en la sala habilitada en la academia de policía, un vasto complejo sito en el este del barrio de Tagamo James. El letrado de Mubarak ha solicitado además que el mariscal Husein Tantaui, el ex ministro de Defensa que actualmente dirige el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, asista al proceso en calidad de testigo.

Las acusaciones contra Mubarak

Hay quien aún recuerda a Mubarak seis meses después de su salida. Y no solo para maldecirle. Un menguada corte de nostálgicos ha llorado este miércoles por su destino. 'Mr. Mubarak' se enfrenta a acusaciones de corrupción y asesinato premeditado de manifestantes durante los 18 días de revuelta. Comparte cargos con sus dos vástagos, Al Adli, el exministro de Petróleo Sameh Fahmy y el empresario Husein Salem, detenido en España el pasado junio.

Al ex presidente le acusan de asesinar a civiles con el propósito de aferrarse al poder. Además, sobre él y sus hijos pesa la acusación de cometer irregularidades financieras como aceptar el regalo de cinco lujosos inmuebles y 2 millones de metros de tierra en Sharm el Sheij realizado por Salem. El magnate, prófugo de la justicia egipcia y en poder de la justicia española, aumentó su fortuna con la exportación de gas a un coste inferior al de mercado con el plácet de Mubarak.

Una barahúnda de abogados

La sesión de apertura ha dejado la imagen de un anciano postrado en una camilla. Llevaba sin dejarse ver desde el 10 de febrero, la víspera de la renuncia que comunicó en un breve discurso televisivo el entonces vicepresidente Omar Suleiman. Además, el juicio tuvo otros momentos tan estelares como la solicitud de un abogado de someter al 'rais' a una prueba de ADN. Según sus cábalas, Mubarak murió en 2004 y había sido reemplazado por un impostor.

Un largo proceso judicial en el horizonte

Nadie debería esperar que la primavera sea también veloz en dictar sentencia. El final de la impunidad, todo una advertencia para los dictadores vecinos, llevará su tiempo a juzgar por la documentación. Se cree que solo el archivo correspondiente al expresidente se extiende a lo largo de 12.000 páginas. Y su defensa, que recurrió sin éxito a la salud del faraón para evitarle el trago amargo de comparecer en una jaula, ha anunciado que solicitará la presencia de más de 1000 testigos.

Los seis meses que hundieron la reputación de un héroe militar enseñan que nada es imposible. La persecución judicial contra Mubarak se ha producido siempre como reacción a una beligerante opinión pública, que ha vuelto una y otra vez a Tahrir para exigir rapidez en la causa abierta contra el faraón. En abril fue ordenada su detención preventiva, que 45 días después se convertiría en una acusación firme. En mayo el dictador cumplió 83 años en una situación difícilmente imaginable en sus peores escenarios. De confirmarse las graves acusaciones que se le imputan, Mubarak podría ser condenado a la pena capital. Sería un triunfo ansiado por muchos opositores y revolucionarios que, sin embargo, quizás no se produzca nunca. Antes de que un tribunal le sentencia a la horca, una inesperada muerte natural podría interponerse en el camino. Tal vez el bendito final que implora el rey destronado.

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