07 noviembre, 2011

Draghi, el Bernanke italiano

por Juan Ramón Rallo

Juan Ramón Rallo Julián es Director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana (España).

Mal se estrena Draghi al frente del Banco Central de Europa (BCE): comprando deuda pública italiana y bajando los tipos de interés a los que puede refinanciarse la banca hasta el 1,25% (y, lo que es peor, con la previsión de que vengan más bajadas). Repetimos los errores de siempre: querer solventar problemas que son tributarios —la insolvencia de los Estados— manipulando el acceso a la moneda y al crédito. Los mismos errores que nos llevaron a esta crisis y los mismos errores con los que intentamos remediar desde 2010 los desequilibrios griegos hasta que nos han terminado estallando en toda la cara.

Recordemos dos cuestiones fundamentales:

  • La función de un banco central no debería ser la de monetizar todo lo monetizable, sino la de extender crédito en condiciones de mercado (o incluso con una penalidad, como reclamaba Bagehot) y contra activos de buena calidad al sistema bancario. Es simplemente una farsa que se intente aproximar la financiación bancaria al 1,25% cuando es evidente que ahora mismo el interbancario se encuentra congelado porque los propios bancos no se fían de sí mismos debido a la mala calidad de los activos de sus balances. O, dicho más simplemente, el banco central es un banco más: si consideraríamos imprudente que ahora un banco prestara fondos avalados por deuda griega o italiana, también lo es que lo haga el banco central. Pero nada de lo que extrañarse habida cuenta de los antecedentes de Draghi: fue él quien presionó para tomar la “acertadísima” decisión de comprar deuda pública griega cuando ya era evidente a todas luces que iba a impagarse.
  • Quien debe solucionar sus problemas de solvencia es el deudor potencialmente insolvente, en este caso los Estados periféricos. El asunto no debería admitir demasiadas dudas: si un deudor es irremediablemente insolvente, no debería prestársele; y si un deudor tiene margen para salir de la insolvencia, no debería seguir prestándosele hasta que adopte las medidas (reducción del gasto, incremento de los ingresos o liquidación de activos) que acrediten que ya ha abandonado la zona de riesgo. En cualquier caso, el BCE se está pegando un tiro en el pie monetizando la deuda pública italiana y facilitando financiación artificialmente barata al sector financiero: aparte de diluir el valor de la moneda y de entrar en una guerra de depreciaciones con el dólar, la barra libre de crédito supone el mejor incentivo para que todos los países retrasen al máximo posible las medidas que deberían devolverles a la solvencia. Y luego, cuando repudien la deuda, ¿quién recapitalizará al BCE?

En fin, me sigue resultando increíble cómo la gente continúa celebrando el abaratamiento artificial del crédito cuando hemos entrado en la mayor crisis desde la Gran Depresión como consecuencia de ese endeudamiento artificialmente abaratado y cuando, como se ha visto con Grecia, refinanciar a un deudor insolvente no arregla sus problemas de fondo, sino que sólo tiende a agravarlos aún más trasladándoselos en mayor medida a los acreedores. ¿Es ése es el euro que queremos? ¿La imprenta del déficit de los periféricos? ¿Y con eso, con más deuda, más gasto público y más renuencia a liberalizar las economías, pensamos salir de la crisis? Pletórico estreno, Sr. Draghi. Bernanke ya tiene a la pareja que siempre había soñado.

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